domingo, 12 de octubre de 2008

Talampaya e Ichigualasto

Siguiente destino y visita obligada, estos dos P. Naturales y patrimonio de la humanidad.
Talampaya es un cañón arcilloso con paredes de 150 metros de altura. La visita es guiada en un bus de la empresa que te lleva. El calor y los tábanos nos hacen entrar al bus escopetados. Por gracia o desgracia nos toca hacer la escursión con un grupo de unas 15 viudas ruidosas, y un tipo que les acompañaba vestido de Coronel Tapioca y más blanco que la leche. El guía intenta presentarse pero las viejas lo impiden.
- Yo quiero ir entre el conductor y el guía. Dice una de las más viejas.
- Si señora pero déjeme hablar. Vamos a visitar hoy el Parque Nacional....
- Yo entre hombres, yo entre hombres...
- Que sí señora.
Desesperado se guarda la presentación para otro año.
- Estos chicos de atrás son españoles. Han venido a buscar la valija de la plata.
- Uy estas nos van a dar el viaje....Qué suerte la nuestra.

No ha arrancado el bus, y comienza a hablar de sexo. Escuchamos más burradas que en toda nuestra vida. El conductor comprende ahora pq los tábanos iban tanto a ellas. No hace más q echar más leña al fuego, y el ambiente se hace tenso. No teníamos salida, y la visita al parque era casi lo de menos.
Primera parada, los petroglifos. El 60 % de la expedición no baja del bus. Hay miedo a bajadas de tension, a que revienten las prótesis, o a subidas de azucar. El patiblanco y otras dos mujeres aguantan la larga caminata de ....40 metros. A la entrada al bus le pregunta una de ellas a Sam que si somos Navarros.
- Navarros? Tengo cara de Navarro?
- Es que yo voy al Club Navarro en Mar del Plata.
- Pues en España venden una pasta estupenda que fija la dentadura, y sin sabor.
Entre la algarabía el bus sigue en marcha, y el guía renuncia totalmente a explicar nada.
- Las españolas no son así, son más serias, nos dice la del club navarro. Yo viví en España y hice un pequeño comentario de estos pero nunca me lo perdonaron. Son muy serias.
- Y qué comentario hizo usted?
- Nada una bromita sin importancia.

A la tipa no se le ocurrio otra cosa que bromear con que había perdido un hijo en la guerra civil o algo así a unas personas que lo debieron pasar mal en la guerra. No lo entendimos bien al igual que no entendimos como le partieron los dientes por esa gracia tan "estupenda".
Poco a poco las abuelas van tomando confianza con nosotros. Ya a la vuelta cuando teníamos a todas en el bote, y se habían olvidado con el guía del bus delantero, soltero que no ha conocido mujer, y apodado Vaca Salvaje, y solo tenían ojitos para nosotros, hablamos con la del club navarro y Patiblanco, sobre sueldos en España, precios de pisos, coches .....y vinos. Todo a gritos. Todas miraban hacia atrás hablando con nosotros. En el momento culmen, Patiblanco dice que los vinos argentinos son un chollo para nosotros, y Sam dice bajando la voz:
- Pero esto que no salga de aquí. Entre nosotros. Los vinos españoles son mucho mejores.
Fin de la conversación. Patiblanco no sabe, con contesta. ClubNavarro gira sus prótesis hacia alante y nos da la espalda y solo de esa forma pudimos tener un rato de silencio.
Las españolas son muy serias.

Tafí del Valle

Salimos a medio día intentando pasar a un formato que el cd del coche reproduzca. David nos teme, y tiene miedo de no poder escuchar en el resto del viaje su bachata y su música brasileira. Objetivo conseguido. Los discos suenan. Prepárate a escuchar a Sabina, a Bunbury y también por supuesto rock argentino.

Salimos de Cafayate con los tímpanos destrozados por La Mancha de Rolando. Hoy teníamos por delante poco más de 150 km, por carretera de montaña, que en verano esta verde pero que ahora es un pasto marrón sin mucha gracia. Es un pueblo muy turístico donde viene la gente a hacer montañismo.
Pronto encontramos el Hostel Nomade, que recordaban a Sam por el ambiente que dio una noche donde se quedaron todos en el salon del hostel tocando la guitarra y tomando algo. Recordaban sus juegos de magia y de ingenio que compró al tipo que los vendía en Yaziretá.
Para cenar no nos pudimos resistir al cochinillo pinchado como en una espada y que se hace lentamente al fuego. Ese era el escaparate del restaurante don Pepito. Con una parrilla para dos, nos pusimos hasta las orejas y sobró. El vino, lo más conocido de esta zona de la Rioja argentina, nos lo sirvieron en jarra de aluminio y acompañado con hielo. Nos quedamos de piedra, pero no quedó ni gota.

A la vuelta al hostel nos encontramos sin remedio con el España-Argentina. Inevitable. El seleccionador argentino presentó un equipo de gala. España sin embargo jugó con un equipo mermado y sin algunas de sus figuras. Comienza el partido. Los primeros minutos son de tanteo. Hay mucha tensión y se nota en el ambiente. Las dos selecciones se juegan mucho más la honra. La bruja Verón domina el centro del campo y Messi hace diabluras en el área contraria. La selección española por contra no parece tenerlo claro. El seleccionador no reacciona y mantiene a los mismos hombres sobre el terreno. Minuto 21, Heinze corta en el área argentina, pase largo a la brujita, que cede en corto a Leo Messi, que con un hábil regate y un tiro certero pone el 1-0 en el marcador. El partido continua en la misma línea y los goles siguen viniendo en la portería española. Cada gol es una algarabía de los argentinos del hostel que lo ven. Termina el partido 3-0 para los argentinos. Sam y yo tenemos que aguantar las mofas de estos.
- Otra? nos dice Gonzalo, el dueño del Hostel.
- Vale, pero esta vez con un árbitro neutral.
- Danos tiempo a que nos enteremos como funcionan los botoncillos del la pley, y veréis como se las gasta la roja.
Estos dos gauchos se ríen.
Gonzalo y David nos ganan solo por uno, pero España da síntomas de mejoría. El árbitro da síntomas de estar fabricado en Argentina y barre para casa.
Al poco, el juego de España, rápido y fluido, da sus primeros resultados y vence a la albiceleste por 3 a 0. La cara de estos dos gauchos ya cambia. Nos dieron las 3 de la mañana ganando a pesar del árbitro, Quilmes tras Quilmes. Gonzalo lo empieza a ver mal y se retira a la cama. Se lleva nuestros "saludos" por supuesto. Pobre.
El día siguente ameció como dicen aquí "Menenista". Al parecer en la época de Menem se robaron aquí hasta las nubes, y estos días de cielo así llevan este nombre.
Hablamos un rato con Renata, nuestra vecina cicuentona de habitación. Como muestra más de la amabilidad de esta gente, nos da su teléfono de Buenos Aires para vernos y por si nos hace falta cuaquier cosa.
Quedamos con Gonzalo para otro año más. - Entrenen y véngase otro año, ah, y no jueguen con España. Tomen otra selección....

No lo dudes, bribón. Eso sí, quedamos en repetir y avisar con tiempo para salir a la montaña, pescar o montar en bici. No tiene mucho que ofrecer este pueblo pero puedes vivir aquí de miedo sin salir de este pequeño valle.

Cachi y Cafayate

Desde Salta hasta Cachi tomamos una carretera que subía y subía, curva va y curva viene. En lo más alto de este páramo, con el contraste de pasar de la selva al desierto, atravesamos el PN de los Cardones. Es un secarral montañoso a 3000 metros de altura, llenito de cactus gigantescos; los cardones. Lo que más nos llamó la atención es el silencio de este sitio. Solo se oía nuestro corazón aporreando el pecho. Recorrimos resacosos estos valles y llegamos a la hora de la merienda cena a Cachi, un pueblo tranquilo que creíamos pequeño pero nos equivocamos. Lo más destacado de este lugar es su iglesia, la más antigua de América, del siglo XVII. Es estrecha y alargada, y toda la madera salvo los bancos es de madera de cardón.

En su costado, la calle más antigua del pueblo. Nos dijo un paisano que tenía casas de 1900 y pico. No nos parecieron antiguas. En España a poco que rasques hay casas de esa época hechas por el ilustre Pocero.

Nos pasamos por estas calles por indicaciones de nuestro guía particular Sam, que estuvo el año pasado. En una explosión de creatividad poética, escribió en su libreta de viaje "una calle por donde no pasa el tiempo". Pero el tiempo pasó, y las hormigoneras, y los pintores y los albañiles. Todo el barrio estaba reformatido y nuevo, y había cambiado el pavimento de piedras por unos feos hexágonos de hormigón. Una cagada que llamamos en España. Qué forma de destrozar un sitio tan bonito, como pudimos descubrir en varias fotos.

Esa noche dormimos en el albergue municipal. Otro sitio de esos "con encanto" con el mismo encanto del "chivito", que nos costó algó así como dos euros a cada uno. Ni cenamos esa noche y pronto a la cama a descansar.
Por la mañana salimos dirección Cafayate, conocido por su famosa Quebrada de las Cochas. En el camino, otra ruta de tierra de 200 km, atravesamos la desconocida e increíble Quebrada de las flechas. La luz del día, con el cielo lleno de cúmulos, hacía aún más hermosa la Quebrada. Luces y sombras en estos picos tan afilados, cambiaban por segundos, y nos presentaba varios paisajes totalmente distintos de uno mismo.

En un desvío del camino dudamos. Sam saca el melón por la ventanilla y pregunta a gritos a un paisano:
- Perdón, para Cafassshate.
- Cómo?
- Para Cafasssssssssshate.
- Dónde?
- Cafayate
- Cafayate todo recto.
David se ríe del acento tan particular del que llamó el Madrileño Trucho, capaz de pronunciar las elles al estilo Buenos Aires, en lugares dónde no lo hacen, la ché como si fuera del mismo Barbate, y hasta las eñes de una manera muy rara. A medida que avanza el viaje aumenta su mestizaje, y se nos hace más complicado entenderle. De la misma manera a David se le hace más complicado aguantarnos. Le damos toda la cera que podamos, sobre todo con su estupenda idea de traerse una camiseta del Barsa, pensando que nos agradaría. Majo, pues somos los dos Vikingos. Qué viaje te espera, bonito.

Llegamos a Cafayate un pueblo que no tiene nada, pero celebran la enterna Virgen del Rosario que nos va persiguiendo en nuestro viaje. Casi sin luz recorrimos la Quebrada de las Conchas, y pudimos ver el Monje, el Sapo y el Auditorio. Es una carretera sinuosa de 45 km, encajada entre paredes de arcilla con unas "atrassiones" que dicen aquí, y donde es necesario parar. En el auditorio charlamos con un tipo renegrío que tocaba la flauta como los ángeles, quedándonos pasmados con el sonido mágico de este lugar. Al final le compramos unas flautas de caña, y bromeamos un rato con él. Por desgracia no suenal igual que si las tocara él. En realidad no suenan, pero antes de Usuahia espero que saquemos al menos un Do.

Después de una cena de parrillada rica en un local con espectáculo que aquí llaman peñas, Sam y yo nos fuimos de Quilmes al único local abierto. Como vampiros saqueamos la música del ordenador del bar y conseguimos por fin nuestro ansiado "arde la ciudad".

En la puerta del hostel, un cartel marca 4230 km hasta la frontera Sur con Chile. Pues nos queda un trecho. Vamos pa la cama.

Salta

Tras un palizón de coche llegamos por la noche a Salta, capital de....Salta. Esto está mirando el mapa de Argentina a la izquierda arriba. Al Sur de Bolivia está Jujuy, y al sur de Jujuy está Salta. Estas son dos provincias pobres, donde dominan los Quechuas, de rostro moreno rojizo, pelos negros lisos, ojos achinados y nariz larga. Pero lo que más llama la atención de esta gente es la paz que transmiten. Son realmente encantadores y sencillos.

En Salta llegamos sobre las 22 al hostel. Nos dio tiempo para una ducha y probrar el guiso gaucho al que nos invitaron en el hostel. Era como un arroz milanesa picante y con papas cocidas.
Como estábamos frescos y con ganas de olvidar la cabra tiesa de horas antes, nos fuimos a beber para olvidar. Al norte, hay un barrio en donde se concentran los bares. Nos lleva en un remiss un chaval que masca un bolón de coca que le deforma la cara. 1 euro nos cuesta cruzar la citi. Tras ojear varios bares extraños, entre restaturante y pub, nos metemos en otro, más raro pero al menos podías ponerte en la barra. Para nuestra sorpresa tres pendejos se suben al escenario para tocar. Guitarra, bajo y batería. No pasaban de los 20 años pero tocaban como los ángeles. Comenzaron con clásicos del rock, y pronto tocaron lo que será nuestro himno del viaje. Arde la ciudad de la Mancha de Rolando. No hemos parado hasta conseguir que nos grabaran la canción.
Aún estando avisados del peligro del Fernet, nos abandonamos a su suerte. Tres de estos con cocacola, y ya estábamos perdidos. Pues ya from lost, to de river.
- Dónde podemos tomar algo más?
- Hoy domingo queda el Salón.
Otro remisero nos lleva al Salón, con otro bolón de coca en sus piños. Sabíamos que sería una experiencia vital. Más que nada nos llevó nuestro espíritu de aventureros hasta allí. Y la verdad es que fue para aventureros. Era un discotecón en las afueras. Los domingos se mezcla allí de todo. Pues vamos padentro.
La disco toda oscura, con reggeton a tope y un montón de morenos y morenas por todas partes. No habíamos puesto el pie en el suelo cuando nos asaltan una tropa de paisanas.
- Me encantan los españoles. Le presento una amiga a tu amigo?
- Quita bicho, que bastante tenemos por hoy con la cabra putrefacta de Iruya.
- Si no te gusto yo te presento a la chica de la disco que quieras.
- Para programas, ya tenemos suficiente con nuestro favorito, mira quien patina.
Pues así pasamos la noche evitando a las chicas de programas que estaban por todas partes.
- Y el vaso? me dicen Sam. - Yo qué se. - Jodío que te cobran 3 pesos si no lo devuelves. - Uf. En España te invito a unas bravas.
Ya nos extrañó que había gente que llevaba 3 y 4 vasos en la mano, y cuando se te terminaba la copa te pedían el último trago.
A las 6 de la mañana tomamos un remiss de vuelta al Hostel. El chicho de recepción se partía cuando le dijimos de dónde veníamos.

A la mañana siguiente el Fernet no nos dejaba resaca ninguna. Es tan venenoso como inofensivo al día siguiente. Sinembargo el "chivito" tierno nos mata desde dentro. Es como un alien que tenemos que llevar hasta que nuestro cuerpo vaya depurando poco a poco la sangre.
Seguimos ruta 40 abajo, tomando curvas, y pasando de carretera asfaltada a de tierra y así hasta el infinito, pero eso sí, por unos paisajes de montaña más que inolvidables.

Iruya

Este día tocaba la mítica Iruya. Aquí se derriten si les dices esa palabra. Nosotros ni idea de qué nos íbamos a encontrar. Sabíamos que era un pueblo colgado en las faldas de los Andes pero poco más. Y para allá que fuimos. Subimos carretera arriba hacia Bolivia y un poco antes de la frontera, sobre los 3000 metros de altitud salía un desvío hacia el pueblo.

5 kilómetros indicaba el cartel por un camino de cabras. Pero aquí el tema de carteles y señalización no lo llevan bien, y faltaba un 4 justo a la derecha del 5. Por lo tanto 54 km por camino de tierra por un desfiladero llenito de curvas. El camino era una preciosidad, pero inevitable pensar en cada curva que qué sería de nosotros si el coche toma el camino corto hacia el fondo del valle. Poco a poco tomamos altura, y el corazón lo nota. En reposo se nos sale del pecho y al hacer un pequeño esfuerzo ya boqueamos como las carpas del retiro en verano.

Llegamos poco a poco, parando a hacer fotos de los impresionantes paisajes del desfiladero, hasta los 4000 metros de altitud. Qué frío, qué árido todo y qué silencio. En realidad no hay nada con lo que el viento pueda chocar. Sinembargo, en mitad de esta nada al fondo, aparece un pueblo más grande de lo que esperábamos, y por sorpresa, celebraban la festividad de la Virgen del Rosario, o del Torito.

Menudo pifostio había montado en este lugar perdido de la cordillera Andina. De entrada el río estaba tomado por carpas azules donde se vendía de todo. Por supuesto no podía faltar el campo de fútbol con su correspondiente partido, y al fondo, el pueblo con su iglesia de tejado azul, de donde salieron unos cuantos tipos con máscaras de vacas, y de caras extrañas, que hacían una danza don saltos circulares, adelantándose a los 3 curas que pedían menos cámaras y más pañuelos en la procesión que abarrotaba la salida de la iglesia.


Por otro lado aparecieron un montón de ginetes vestidos de rojo con capas y con unas alas a forma de escudos enormes que son para protegerse de los espinos que hay por los caminos de estos desiertos.
Más o menos nos hacemos una idea de cómo es esto y nos vamos a curiosear por la zona de las carpas del río. Aquí se vende de todo. Los chavales visten igual o de manera más sofisticada que en cualquier ciudad española, eso sí, todo pirata. Todos con móvil por supuesto, y hablando con ellos no dan para nada la impresión de vivir aislados del mundo en este secarral andino. Quizá internet tiene mucho que ver en esto.


El hambre lo matamos con un "manjar" en uno de estos puestos. Solo quedaba carne de "chivito" muy entre comillas. Por un peso más nos ofrecen sopa de choclo (maíz) pero miramos un poco a nuestra izquierda, y viendo el agua gris que bajaba por el río dijimos que mejor no. Ya bastante teníamos con no quedarnos pegados a la mesa. Aquí al menos mi límite de pulcritud e higiene en la mesa tocó fondo. Con un poco de esfuerzo pudimos cortar un trozo de este "chivito" mientras hacíamos comentarios jocosos sobre la carne tierna del día.
- Esta cabra se entregó. Dijo matenme que no tengo dientes ya para comer más hierba.
La señora nos mira como diciendo, y estos milindris pq no comen...
- Traíganos por favor una Quilmes a ver si pasa esta carne "tierna", por favor. El humo del bidón cortado por la mitad a modo de parrilla no deja de mandarnos su humo.
- Qué estoy pisando? Ah! son dos perros llenos de pulgas. Sssstupendo.
- Esta cabra se la ponen a José Tomás y tiene que llamar a la Guardia Civil para que la maten.
- Por favor yymy, despégame con el cuchillo el brazo del mantel, que tengo que cortar otro trozo más.
- Ya me gustaría a mí despegar los míos y salir corriendo de este sitio.
.....
- Y no quieren ustedes una sopita?
- Pues mire señora, nos venimos de España solo con el tétanos y hepatitis B. Si no, nos encantaría probarla. Pero va a ser que no.
Pues intentando olvidar el almuerzo campestre, nos paseamos por los puestos para completar el plan B. Compramos unas barbies piratas para las niñas de Maimará. Cinco preciosas muñecas falsas en cajita de plástico transparente. Y no traían la cabra tierna "barbie". Es igual. Les gustará.
También compramos un balón del fútbol para unos chavales que vivían en mitad del páramo y nos pararon para pedirnos unas galletitas.
Sin más preámbulos ni esperas sorteamos a los Quechuas totalmente cocidos como sepias por la cerveza, y salimos antes que ellos. El camino estaba como para ir bebido. Nosotros solo pensábamos en nuestro cepillo de dientes y el líquido ese azul que mata gérmenes y aliento a cabra madura.


Tras unos tortuosos 50 km por la tierra, que nos llevó más de dos horas de camino, asados de calor esta vez, y subiendo las ventanillas cada vez que nos cruzábamos con un coche para no comer más porquerías, no encontramos a los chavalillos de las galletitas. - Pues mira, en las primeras porterías que encontremos le damos unas clases de fútbol al Misionero. David se ríe. El pobre va intuyendo la tortura de meterse 40 días en un coche con nosotros dos.
Llegamos a Maimará pero no vemos a las chicas. Paramos y aparecen detrás de un parapeto de piedras. Pierden el culo por llegar a nuestro coche y se acuerdan de que uno de nosotros no se llevó el regalito el día antes. - Pues mirad, ahora os traemos un regalito nosotros. Lo miran con cara de alucine. No se lo podían creer, y su reacción fue darle la caja de las cinco muñecas a la más pequeña de las tres. Increíble la dulzura de estas tres pequeñas. Varios kilómetros más alante todavía seguían en nuestras cabezas y mientras pasaban los kilómetros ya tramamos el plan para mandarles todo lo posible desde España. Quién quiera colaborar que guarde ropa de abrigo que le sobra, de esa que tiramos pq se nos ha despeluchado un poco o ya no se lleva.

martes, 7 de octubre de 2008

Hacia Salta

Sobre las 8 de la mañana antes de que sonara el despertador, que no solemos hacer mucho caso (pobre), abre la puerta la del papito, que entra como si nada y al verme allí tostao, se asusta, cambia su expresión a un "lo siento, papi" y cierra la puerta. David se había levantado a correr. Tiene campeonato de Taek-wondo en Montevideo el día 5 de noviembre, y tiene que llegar en forma.
Nos sentamos en las mugrientas mesas del salón que vimos la noche antes desde la calle y pedimos un desayuno por 4 pesos (casi 1 euro). El café con leche no puede ser pq no hay leche. - Vos querés un café batido o mate cocido? - un café batido que suena bien. Para mi desgracia es un asqueroso nescafé, pero lo peor no había llegado. - Para comer que tienes? - Pan. Bueno unas tostadas ricas seguro que nos vienen muy bien. - Pues nos pones pan. Diosssssssssss que es esto?!!! Sin una expresión muy animada en su cara, la muchacha nos deja en la mesa un plato con trozos de pan cortados en triángulos. Y la mermelada?? y la mantequilla?? qué iluso. Era pan duro del día anterior sin más. Para más pena, además de soso y duro estaba rancio a más no poder. No puedo tragar eso por más hambre que tenga. Sinembargo Sam, a lo tonto no deja ni una miga de ese asqueroso manjar. Toma tus 10 pesos y te los introduces por el orto, maja.
Recorremos las destartaladas calles de Monte Quemado, y salimos a la general para hacer otro cerro de quilómetros hasta aproximarnos a la frontera con Bolivia.
Una y otra vez intentamos que suenen los mp3 de Sabina y Bunbury que grabamos en Iguazú pero reproductor se niega. En un día gris vamos avanzando por un terreno verde y ya montañoso de selva subtropical. Unas espesas nubes se esconden detrás de las inmensas montañas del norte. Dudamos si bajar a Salta y arriesgarnos y tirar "parriba". Con el tiempo así es tontería subir, pero subimos. Atravesamos una montaña entre la niebla y poco a poco, en la bajada, vamos viendo la escarpada orografía de esta parte, con impresionantes cortados plagados de cactus gigantescos que aquí llaman cardones.

Bajamos del coche para sacar alguna foto, pero con más buena intención que otra cosa, pq el frío se nos mete en los huesos. Y un poco más alante llegamos a Purmamarca, un pequeño pueblo precioso de casas de barro, famoso por estar en la base del cerro de los 7 colores. Esto, mejor verlo en foto que describirlo. Mirásemos donde mirásemos todo es espectacular. El agua va moldeando estas empinadas montañas, dejando formas picudas que al lavar muestran los colores de los sustratos de debajo. Cada sustrato es de un color, arcilloso, plomizo, amarillo, verdoso....
En el mercadillo de artesanía compramos unos gorros de lana de yama y algún recuerdo. David se compra todo para el frío. En su pueblo no existe el frío, y aquí se congela. Se gana el sobrenombre de El Misionero Cebolla, por la cantidad de capas que lleva. Unas fotos más y en ruta.


En nuestro viaje hacia Bolivia, llegamos a Tilcara, otra población al estilo de las de este valle, de barro y con unas calles en cuesta impresionantes, que tienen como fondo las paredes casi verticales de las montañas. El cielo es limpio y ello permite que muestre un azul casi negro. En un local muy rústico nos tomamos unos deliciosos "sangüis" de lomito, bien tostao con una salta tipo chimichurri. Una delicia por poco más de un euro. Y por supuesto una Norte de litro.


Un poco antes de Tilcara, paramos en la carretera a hacer un foto del cementerio de Maimará. Sin saber de dónde habían salido se nos acercan tres niñas morenitas de 8 o 9 años y otra más pequeña, que nos llaman señor y nos ofrecen unos regalos. - llévese este regalito señor. Nosotros, casi sin escucharlas decimos que no, pensando que algo nos costaría. Pero esta vez no. El regalo era gratis, con un pequeño esfuerzo para nosotros, y es llevarnos su dirección postal para que las escribamos y les mandemos ropita que en invierno pasan mucho frío acá. A nosotros esto se nos clava en el alma y durante el resto del día no logramos que se nos vaya de la mente, pensando en lo imbéciles que hemos sido de no traer ropa de España o material escolar. Algún plan B se nos tiene que ocurrir.


Seguimos por la carretera, por este valle escarpado multicolor de discurre de Norte a Sur. A nuestra derecha en amplímisimo y torrencial río Grande, que lleva un hilillo de agua solamente. Por su anchura, ver este río bajar con su máximo caudal debe ser un espectáculo.
Llegamos a Humahuaca, lugar donde dormiremos esa noche en un coqueto y apartado hotelillo. Desde allí tenemos privilegiadas vistas a la quebrada de Humahuaca. La luz de la puesta del sol fue increíble, mientras el frío no daba tregua.

Por la noche cenamos es un esperpéntico lugar, llamado Cultur Bar. Era una casa con un pasillo largo, cuyos dueños habían convertido en museo. Cada habitación era un pequeño museo. El conjunto era bastante horrendo. Para cenar había una mesa el pleno pasillo con toda la corriente de aire, y una mesa más en una de las habitaciones. Un tipo moreno de ojos hundidos, con la piel arrugada y una gorra que lo hace más oscuro todavía nos trae la parrillada de yama, arranstrando sus pies torcidos hacia adentro, y nos pregunta por el Kun Agüero. - Ustedes allá les dan el punto final que les hase falta, nos dice. Si pero en el aleti..... no se yo.

Dudando si planchar la oreja o conocer el boliche de aquí, gana lo segundo, pero cobraban entrada y el panorama no era muy atractivo, con un montón de tipos bien "chupados" (bebidos). Congelados nos fuimos al hostel, a dormir en nuestra cabaña de madera de cuatro plazas.

Pasando el Chaco

Seguimos camino del noroeste argentino. Desde Ituzangó seguimos recorriendo las rectas carreteras de El Chaco. Esta provincia es la más pobre de aquí, y las imágenes del hambre cuando vienen malas, suelen ser todas de esta provincia. A los lados de la carretera, separadas muchos kilómetros se encuentran algunos poblados destartalados, generalmente de casas de adobes y techos de chapa, con calles de barro, llenas de charcos y basuras, mezclados con niños sucios que deberían estar en el cole, y gente que se mueve en bici. Entre pueblo y pueblo hay una espesa vegetación de monte bajo impenetrable donde se dejan ver muchas aves y de vez en cuando algún cerdo que se mueve con tranquilidad por la cuneta de la carretera.
Se nos hace de noche, y la pobre señalización de las carreteras, tendentes a informarte de los desvíos cuando ya lo has tomado, nos mete 90 km de más, hasta General Pineda. Samuel se da cuenta, gracias a Dios, y damos la vuelta para rehacer lo recorrido, intrigados por conocer el punto exacto del extravío en una carretera que solo es recta. Es noche cerrada y no se ve nada. Por las cunetas sin embargo pululan montones de personajes. Dos chicas hacen autostop. Nosotros aprovechamos para preguntrar si vamos bien, y decidimos acercarlas al siguiente pueblo, a 15 km. Dónde vais ahora? - Ahora vamos a trabajar....Ninguno de los tres tenemos el valor de preguntar lo obvio, sin embargo cuando se bajan del coche, David nos indican que seguro que "hacen programas", que viene a ser que se dedican a la prostitución. Las dejamos en las afueras de un poblado oscuro de estos pobres de la zona y seguimos viaje. Poco más alante, nuestros faros iluminan a un tipo más negro que el carbón que esperaba en la carretera que alguien lo trasladara. La conversación con él era sencilla pues decía a todo que sí. Le dijimos que veníamos de España y dijo si si si, como si no tuviera ni idea de que fuera eso de España. Es más él nos preguntó que si veníamos de Mendoza o "por ahí", por nuestro acento. Eso sí, no pudo aguantar el ansia de fumarse un cigarro de los de Sam, y no dudó en hacer del pedigüeño. Hala majo, hasta otra. Y ya por fin llegamos al punto del despiste. Imposible haber tomado bien la dirección correcta.
Tras otros 300 kilómetros más, llegamos a Monte Quemado, dudando si hacíamos la machada de otros 400 km más o nos rendíamos allí y seguíamos camino al día siguiente. Y allí nos quedamos en el hotel 9 de julio, campeón hasta la fecha al lugar más cutre. Nos atiende una mujer de nos 45 tacos, morena con el pelo algo corto y rizado, y con una energía en la mirada que nos tumbaba. "vos querés unas empanaditas papi?" "vos querés un churrasquito?". - Si os queréis quedar aquí son 30 pesos por persona. Si no, tenéis otros hoteles "acá y ashá". - Que nos quedamos si nos pones de cenar. -Pues vos tomá la mesa y sacarla a la cashe, papi, que tengo los brazos ya cansados. - Lo que usté mande.

Nos sentamos en la calle en una mesa, iluminados solo por el cartel del hotel, viendo el panorama tanto interior como exterior. Dentro, el bar era como una especie de vivienda. Tenía unos sillones de escay, de esos del año la pera, con la familia allí sentada mirando "mira quien patina" con el presentador omnipresente de las greñas morenas, que fue presidente del Badajoz C F. En las paredes, feos tapices de escenas de caballos y montañas, de la última cena y de otras horteradas. Fuera desde un kiosko, que era el Boliche local, o el sitio donde se va a bailar, nos martillea con una estruendosa música tipo "gitanos de la cabra" y a veces nos sorprende con la mismísima Creedence Clear Water "Rivaival".
Imposible no cruzar la acera para vivir esa experiencia. Y allí nos plantamos, a ritmo de Cumbia, sentados en sillas de resina blanca y apurando varias Quilmes de las tochas, sobre un mantel de plástico con floripondios amarillos. Por las calles pasan numerosas motos destrozadas, pero eso si con los faros de neón en las ruedas pero los focos de ver apagados. Algunos llegan al boliche en destartaladas bicis, y salen con algo más que problemas por manterner la trayectoria recta. Nosotros seguimos alucinando pero el cansancio puede con nosotros. Allí dejamos a las camareras haciendo empanadas quizá para el día suiguiente. Hasta mañana.