lunes, 10 de noviembre de 2008

Ya cerca de Buenos Aires

Esto ya poco a poco va teniendo su final. Ya toda la parte Argentina está vista, quitando los últimos días por la gran Buenos Aires. 1400 km nos separan de la capital, y kilómetro a kilómetro nos vamos acercando a la par que se va terminando este viaje. Hoy solo nos queda ver desde las ventanillas los feos campos de la patagonia norte, la monótona pampa, las carreteras cada vez más pobladas de camiones y tráfico en general. A la hora de comer nos llevamos una muestra más de la locura de esta gente. La locura del fútbol. Las dos y media de la tarde, martes, fútbol en directo, y el estadio lleno. Cómo se come esto?. Y pq la gente puede llenar el campo en lugar de currar? Pues muy fácil, pq dejar en trabajo para ir a ver un partido no es nada raro. Te vas y punto.
En fin, mientras vemos el partido, deboramos una de las últimas milanesas con fritas de Argentina. Y desde este momento hasta la noche, más carretera, más camiones, más YPF´s, y poco a poco cada vez más poblaciones de la provincia de Buenos Aires, y más peajes cada pocos kilómetros. Entre la negrura de la noche se pueden ver en las cunetas las "asistentes" de camioneros, que les ayudan a hacer el viaje más ameno.
Nosotros dormimos en el último hotelillo con espanto en Las Flores. Ya estamos a 200 km de Buenos Aires y el cuerpo ya está hecho a todo.
Por la mañana salimos temprano hacia el Tigre. La entrada a Buenos Aires es caótica. Llega un momento, quizá 40 o 50 km antes o quizá más, que todo es un continuo de casas, y la autopista se va dividiendo con los carteles que no dan muchas pistas de dónde estás y que vía debes coger si quieres ir por el buen camino. Este es el hecho principal por el que hicimos la entrada por el día. Queríamos evitar perdernos en los suburbios de villeros, error q podría ser peor que malo. Pues parando a preguntar cada poco, prueba y error, perderse y encontrarse, volver a perderse y perderse de nuevo, y poco a poco por fortuna o por lo que sea, las indicaciones de El Tigre ya las podemos ver, y ahora sí vamos directos a nuestro objetivo.
En el Tigre tardamos en recomponer el plan previsto. Buscamos un hostel que sabemos solo que está en una isla, que te lleva un barco del que no sabemos nada, y es que esta zona de El Tigre es diferente a todo. Antes de nada, despedimos a David, que sin cortarse un pelo se carga del tirón el embrión de amistad que ha podido crecer en estos 30 días de viaje intenso. Una supuesta ayuda para volver a su casa que solo la escuchó él, una frase que dos de las tres partes la escucharon de otra manera, unas batatas que teníamos en los oídos el 66 % del grupo, y el oportunismo del que creimos una persona distinta, tuvieron la culpa de una charla acalorada de más de media hora. 300 pesos nos costó dejar de escuchar sandeces. Quizá eso y el doble nos gastamos para que hicieras un viaje más confortable y no durmieras en el coche como tenías planeado. Quizá por toda la generosidad q te demostramos durante todo el viaje no nos tenías q dejar por mentirosos ni peseteros. Pero bueno, nosotros tenemos vergüenza y educación y lo llevamos como orgullo.
A las 15 horas sale nuestro barco. Son las 12 de la mañana. Pues van a ser cuatro empanadas y unas Quilmes....

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