Pues llegamos a Mendoza. Lo más conocido de esta ciudad es su proximidad al pico más alto de América. El Aconcagüa. A nosotros nos recibe gris y feo y el cansancio se acumula, así q decidimos pasar aquí dos días para hacer vida de gran ciudad.
Todos los hostels estaban ocupados. Tardamos más de una hora dando vueltas por la ciudad, mirando el pequeño mapa de la guía Lonely en las luces de las farolas para localizar algún sitio con lugar, como dicen estos. Y nos toca un hostel céntrico y algo cutrillo, pero ya puestos a sitios de lujo, no vamos a hacer ascos. Nos tocan de compañeros de habitación dos tipos locos y boludos del Norte de Buenos Aires. Uno de ellos, Juan Cruz charla con nosotros un rato mientras intenta despertar sin lograrlo a su compañero de viaje Jerónimo. Se han metido entre pecho y espalda más de 1000 km para pasar el fin de semana de joda en Mendoza. Esa noche serán compañeros de ronquidos Jerónimo y David, que tampoco se tenía en pie.
Preguntamos al de recepción por un sitio a dónde ir para cenar y tomar algo.
- Chicos, vayan a la plaza pero no se metan. Está llena de "punk band". Son jodidos esos pendejos.
Los punk band son los puncarras q tenemos nosotros pero que por aquí están todavía activos con peleas de bandas de esas que desaparecieron de España hace al menos 20 años.
Nosotros pasamos de estos pendejos pero con quien sí nos peleamos fue con el cajero para que nos diera unos duros y poder comer algo. Ya estábamos cerca de pasar una noche con las tripas vacías cuando por fin conseguimos algo de plata. Nos dirigimos a la zona de marcha, que como nos dijeron era bulliciosa. Cierto, pero para nosotros es muy raro todo. Aquí se sientan a cenar en bares con música a tope y la luz baja. Así se tiran toda la noche hasta q se cansan y se van a sus casas. La otra opción es ir a un boliche bailable, cogiendo un bus que te saca 25 km de la ciudad, pero tienes que llegar antes de las 2 de la mañana pq después no te dejan pasar. Si te quedas en estos bares tan aburridos, está prohibido bailar.
Nosotros hablamos con Erika, una camarera que descubre que somos de Madrid por "la tonadilla".
- Veniros al bar de mi novio, el Oh Madrid, que está en la otra punta, y os presentamos gente. Si no, llamarme y mañana os enseñamos mañana la ciudad. Hacemos algo.
Una muestra más de lo agradable de esta gente. Esta noche no dio para más.
La mujer de Mendoza tiene fama de guapa, pero siempre por detrás de Rosario y Santa Fé. Todas van con pantalones ajustados para lucir sus esculturales cuerpos y lo rebién que tienen sus colas como llaman aquí al culo. Casi todas son morenas con grandes ojos. Por supuesto que todo esto nos lo han contado pq nosotros no nos fijamos en estas cosas. El dolor de cuello que tuvimos en Mendoza era por el frío.
El domingo se levantó igual de nublado y feo que el domingo. Ya no podíamos ver el Aconcagüa ni el Puente del Inca, así que decidimos hacer vida perra. La ciudad tampoco descata por sus museos o sus edificios bonitos, así que poco por hacer.
Esta noche hablamos con los locos compañeros de cuarto, cenamos y fuimos a la plaza de la República, donde se celebraba la fiesta de España. Era una horterada auténtica, como para que no nos extrañemos si nos dicen que somos los de al boina y el toro. Pero bueno, estos aprendieron a beber en bota, comieron callos, y bailaron muñeiras mientras miraban extrañados por todo lo que veían.
La noche seguía pero no nos quedaba más remedio que volver a los bares de la noche antes, y el mismo aburrimiento, aunque nos reímos un rato largo con estos dos personajes tan graciosos. Ya nos dieron las 5 de la mañana y nos pateamos la ciudad buscando algún sitio abierto, pero no lo encontramos por ningún lugar, así que muy a nuestro pesar nos fuimos a la cama que la noche terminó. Al menos descansamos de coche.
martes, 21 de octubre de 2008
domingo, 12 de octubre de 2008
Talampaya e Ichigualasto II
Ya que no nos daba tiempo a visitar el otro Parque, decidimos ver el atardecer en este desierto, observando como enrojecían los farallones arcillosos desde la lejanía, y con una Quilmes bien fría. A lo lejos podíamos ver varios Cónderes volando a gran altura.

Para dormir bajamos a Valle Fértil, uno de los pueblos más cercanos.
En la gasolinera nos ofrecieron cabañas por 100 pesos noche.
- Y algo más barato?
- El hostal ese de enfrente...
- Sielos! Esto va a ser otra experiencia vital, me temo.
Cruzamos la calle....
-Buenas noches.
El sitio era para verlo. Un salón-tienda de comestibles con cortinas de tiras de plásticos de colores. Sale una tipa entradas en años.
-Tienen lugar para tres?
- Lugar?
- Reservaron?
Hasta ahora nos reimos en los sitos pq aunque estén vacíos nos mantienen la intriga hasta el último momento. Creo q si creo q si........si mira que casualidad. Hay cama para tres. Uy y el hotel vacío....qué casualidad. Pero lo de esta tipa fue ya el colmo de la hipocresía. Una casa pegada a la carretera y la gasolinera, sin nombre y sin teléfono seguramente. Y nosotros pegados al asfalto por la risa.
- Espere señora que recupere la respiración y le contesto.
- Pues si me queda una habitación de 3. 45 pesos.
Hicimos una foto de la habitación pero por obscena nunca la pondremos aquí. A sam y a mí, sentados en las camas nos entraron ganas de hacer un fuego en el centro y currarnos unas migas en plan pastor.
- Reservaron? ja ja ja ja .
- Qué bola hemos pillao. Con lo turístico que es esto y conseguimos habitación sin reservar...
Vamos carretera alante con los lagrimones por los tobillos.
- Qué turístico es esto.... Reservaron? ja ja ja.
La noche fue más que mala. No pegamos ojo y milagrosamente parece que no pillamos nada raro, aunque Samuel nos informó que en ese pueblo habían conseguido por ingeniería genética un híbrido de luciérnaga y ladilla, y que tenía los huevos como un árbol de navidad.
- Reservaron? jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Ichigualasto es el valle de la luna. Quiere decir algo así como Tierra sin vida y es un desierto donde caen como mucho 80 mm3 al año. El poco agua que cae erosiona tremendamente la superficie arcillosa y aparecen unas formas curiosas por todo el parque. Pero su importancia viene de la cantidad de dinosaurios que se han encontrado en esta zona. Son los más pequeños de américa por se los primeros, que aparecieron en el Triásico, justo antes del Jurásico donde apareciron los más grandes, que se encuentran en la Patagonia.

Nuestro guía es un tipo que explica todo con increíble facilidad. Frente a una de estas rocas nos ofrece una clase magistral de tiempo geológico.
- Tenemos el tiempo en nuestra mano. 5 dedos, 5 eras, 5 mil millones de años....
- El dedo medio es el mesozoico, que tiene tres falanges. Triásico la de abajo, Jurásico la del medio y Cretácico la superior....

Así continúa la charla, con todo el grupo en silencio y al terminar se lleva la ovación del día.
Con el gran calor del día a pesar que son las 11 de la mañana, terminamos la visita al Parque, y tras pasar por el museo, seguimos rumbo al Sur, hacia Mendoza.

Para dormir bajamos a Valle Fértil, uno de los pueblos más cercanos.
En la gasolinera nos ofrecieron cabañas por 100 pesos noche.
- Y algo más barato?
- El hostal ese de enfrente...
- Sielos! Esto va a ser otra experiencia vital, me temo.
Cruzamos la calle....
-Buenas noches.
El sitio era para verlo. Un salón-tienda de comestibles con cortinas de tiras de plásticos de colores. Sale una tipa entradas en años.
-Tienen lugar para tres?
- Lugar?
- Reservaron?
Hasta ahora nos reimos en los sitos pq aunque estén vacíos nos mantienen la intriga hasta el último momento. Creo q si creo q si........si mira que casualidad. Hay cama para tres. Uy y el hotel vacío....qué casualidad. Pero lo de esta tipa fue ya el colmo de la hipocresía. Una casa pegada a la carretera y la gasolinera, sin nombre y sin teléfono seguramente. Y nosotros pegados al asfalto por la risa.
- Espere señora que recupere la respiración y le contesto.
- Pues si me queda una habitación de 3. 45 pesos.
Hicimos una foto de la habitación pero por obscena nunca la pondremos aquí. A sam y a mí, sentados en las camas nos entraron ganas de hacer un fuego en el centro y currarnos unas migas en plan pastor.
- Reservaron? ja ja ja ja .
- Qué bola hemos pillao. Con lo turístico que es esto y conseguimos habitación sin reservar...
Vamos carretera alante con los lagrimones por los tobillos.
- Qué turístico es esto.... Reservaron? ja ja ja.
La noche fue más que mala. No pegamos ojo y milagrosamente parece que no pillamos nada raro, aunque Samuel nos informó que en ese pueblo habían conseguido por ingeniería genética un híbrido de luciérnaga y ladilla, y que tenía los huevos como un árbol de navidad.
- Reservaron? jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Ichigualasto es el valle de la luna. Quiere decir algo así como Tierra sin vida y es un desierto donde caen como mucho 80 mm3 al año. El poco agua que cae erosiona tremendamente la superficie arcillosa y aparecen unas formas curiosas por todo el parque. Pero su importancia viene de la cantidad de dinosaurios que se han encontrado en esta zona. Son los más pequeños de américa por se los primeros, que aparecieron en el Triásico, justo antes del Jurásico donde apareciron los más grandes, que se encuentran en la Patagonia.

Nuestro guía es un tipo que explica todo con increíble facilidad. Frente a una de estas rocas nos ofrece una clase magistral de tiempo geológico.
- Tenemos el tiempo en nuestra mano. 5 dedos, 5 eras, 5 mil millones de años....
- El dedo medio es el mesozoico, que tiene tres falanges. Triásico la de abajo, Jurásico la del medio y Cretácico la superior....

Así continúa la charla, con todo el grupo en silencio y al terminar se lleva la ovación del día.
Con el gran calor del día a pesar que son las 11 de la mañana, terminamos la visita al Parque, y tras pasar por el museo, seguimos rumbo al Sur, hacia Mendoza.
Talampaya e Ichigualasto
Siguiente destino y visita obligada, estos dos P. Naturales y patrimonio de la humanidad.
Talampaya es un cañón arcilloso con paredes de 150 metros de altura. La visita es guiada en un bus de la empresa que te lleva. El calor y los tábanos nos hacen entrar al bus escopetados. Por gracia o desgracia nos toca hacer la escursión con un grupo de unas 15 viudas ruidosas, y un tipo que les acompañaba vestido de Coronel Tapioca y más blanco que la leche. El guía intenta presentarse pero las viejas lo impiden.
- Yo quiero ir entre el conductor y el guía. Dice una de las más viejas.
- Si señora pero déjeme hablar. Vamos a visitar hoy el Parque Nacional....
- Yo entre hombres, yo entre hombres...
- Que sí señora.
Desesperado se guarda la presentación para otro año.
- Estos chicos de atrás son españoles. Han venido a buscar la valija de la plata.
- Uy estas nos van a dar el viaje....Qué suerte la nuestra.

No ha arrancado el bus, y comienza a hablar de sexo. Escuchamos más burradas que en toda nuestra vida. El conductor comprende ahora pq los tábanos iban tanto a ellas. No hace más q echar más leña al fuego, y el ambiente se hace tenso. No teníamos salida, y la visita al parque era casi lo de menos.
Primera parada, los petroglifos. El 60 % de la expedición no baja del bus. Hay miedo a bajadas de tension, a que revienten las prótesis, o a subidas de azucar. El patiblanco y otras dos mujeres aguantan la larga caminata de ....40 metros. A la entrada al bus le pregunta una de ellas a Sam que si somos Navarros.
- Navarros? Tengo cara de Navarro?
- Es que yo voy al Club Navarro en Mar del Plata.
- Pues en España venden una pasta estupenda que fija la dentadura, y sin sabor.
Entre la algarabía el bus sigue en marcha, y el guía renuncia totalmente a explicar nada.
- Las españolas no son así, son más serias, nos dice la del club navarro. Yo viví en España y hice un pequeño comentario de estos pero nunca me lo perdonaron. Son muy serias.
- Y qué comentario hizo usted?
- Nada una bromita sin importancia.

A la tipa no se le ocurrio otra cosa que bromear con que había perdido un hijo en la guerra civil o algo así a unas personas que lo debieron pasar mal en la guerra. No lo entendimos bien al igual que no entendimos como le partieron los dientes por esa gracia tan "estupenda".
Poco a poco las abuelas van tomando confianza con nosotros. Ya a la vuelta cuando teníamos a todas en el bote, y se habían olvidado con el guía del bus delantero, soltero que no ha conocido mujer, y apodado Vaca Salvaje, y solo tenían ojitos para nosotros, hablamos con la del club navarro y Patiblanco, sobre sueldos en España, precios de pisos, coches .....y vinos. Todo a gritos. Todas miraban hacia atrás hablando con nosotros. En el momento culmen, Patiblanco dice que los vinos argentinos son un chollo para nosotros, y Sam dice bajando la voz:
- Pero esto que no salga de aquí. Entre nosotros. Los vinos españoles son mucho mejores.
Fin de la conversación. Patiblanco no sabe, con contesta. ClubNavarro gira sus prótesis hacia alante y nos da la espalda y solo de esa forma pudimos tener un rato de silencio.
Las españolas son muy serias.
Talampaya es un cañón arcilloso con paredes de 150 metros de altura. La visita es guiada en un bus de la empresa que te lleva. El calor y los tábanos nos hacen entrar al bus escopetados. Por gracia o desgracia nos toca hacer la escursión con un grupo de unas 15 viudas ruidosas, y un tipo que les acompañaba vestido de Coronel Tapioca y más blanco que la leche. El guía intenta presentarse pero las viejas lo impiden.
- Yo quiero ir entre el conductor y el guía. Dice una de las más viejas.
- Si señora pero déjeme hablar. Vamos a visitar hoy el Parque Nacional....
- Yo entre hombres, yo entre hombres...
- Que sí señora.
Desesperado se guarda la presentación para otro año.
- Estos chicos de atrás son españoles. Han venido a buscar la valija de la plata.
- Uy estas nos van a dar el viaje....Qué suerte la nuestra.

No ha arrancado el bus, y comienza a hablar de sexo. Escuchamos más burradas que en toda nuestra vida. El conductor comprende ahora pq los tábanos iban tanto a ellas. No hace más q echar más leña al fuego, y el ambiente se hace tenso. No teníamos salida, y la visita al parque era casi lo de menos.
Primera parada, los petroglifos. El 60 % de la expedición no baja del bus. Hay miedo a bajadas de tension, a que revienten las prótesis, o a subidas de azucar. El patiblanco y otras dos mujeres aguantan la larga caminata de ....40 metros. A la entrada al bus le pregunta una de ellas a Sam que si somos Navarros.
- Navarros? Tengo cara de Navarro?
- Es que yo voy al Club Navarro en Mar del Plata.
- Pues en España venden una pasta estupenda que fija la dentadura, y sin sabor.
Entre la algarabía el bus sigue en marcha, y el guía renuncia totalmente a explicar nada.
- Las españolas no son así, son más serias, nos dice la del club navarro. Yo viví en España y hice un pequeño comentario de estos pero nunca me lo perdonaron. Son muy serias.
- Y qué comentario hizo usted?
- Nada una bromita sin importancia.

A la tipa no se le ocurrio otra cosa que bromear con que había perdido un hijo en la guerra civil o algo así a unas personas que lo debieron pasar mal en la guerra. No lo entendimos bien al igual que no entendimos como le partieron los dientes por esa gracia tan "estupenda".
Poco a poco las abuelas van tomando confianza con nosotros. Ya a la vuelta cuando teníamos a todas en el bote, y se habían olvidado con el guía del bus delantero, soltero que no ha conocido mujer, y apodado Vaca Salvaje, y solo tenían ojitos para nosotros, hablamos con la del club navarro y Patiblanco, sobre sueldos en España, precios de pisos, coches .....y vinos. Todo a gritos. Todas miraban hacia atrás hablando con nosotros. En el momento culmen, Patiblanco dice que los vinos argentinos son un chollo para nosotros, y Sam dice bajando la voz:
- Pero esto que no salga de aquí. Entre nosotros. Los vinos españoles son mucho mejores.
Fin de la conversación. Patiblanco no sabe, con contesta. ClubNavarro gira sus prótesis hacia alante y nos da la espalda y solo de esa forma pudimos tener un rato de silencio.
Las españolas son muy serias.
Tafí del Valle
Salimos a medio día intentando pasar a un formato que el cd del coche reproduzca. David nos teme, y tiene miedo de no poder escuchar en el resto del viaje su bachata y su música brasileira. Objetivo conseguido. Los discos suenan. Prepárate a escuchar a Sabina, a Bunbury y también por supuesto rock argentino.

Salimos de Cafayate con los tímpanos destrozados por La Mancha de Rolando. Hoy teníamos por delante poco más de 150 km, por carretera de montaña, que en verano esta verde pero que ahora es un pasto marrón sin mucha gracia. Es un pueblo muy turístico donde viene la gente a hacer montañismo.
Pronto encontramos el Hostel Nomade, que recordaban a Sam por el ambiente que dio una noche donde se quedaron todos en el salon del hostel tocando la guitarra y tomando algo. Recordaban sus juegos de magia y de ingenio que compró al tipo que los vendía en Yaziretá.
Para cenar no nos pudimos resistir al cochinillo pinchado como en una espada y que se hace lentamente al fuego. Ese era el escaparate del restaurante don Pepito. Con una parrilla para dos, nos pusimos hasta las orejas y sobró. El vino, lo más conocido de esta zona de la Rioja argentina, nos lo sirvieron en jarra de aluminio y acompañado con hielo. Nos quedamos de piedra, pero no quedó ni gota.

A la vuelta al hostel nos encontramos sin remedio con el España-Argentina. Inevitable. El seleccionador argentino presentó un equipo de gala. España sin embargo jugó con un equipo mermado y sin algunas de sus figuras. Comienza el partido. Los primeros minutos son de tanteo. Hay mucha tensión y se nota en el ambiente. Las dos selecciones se juegan mucho más la honra. La bruja Verón domina el centro del campo y Messi hace diabluras en el área contraria. La selección española por contra no parece tenerlo claro. El seleccionador no reacciona y mantiene a los mismos hombres sobre el terreno. Minuto 21, Heinze corta en el área argentina, pase largo a la brujita, que cede en corto a Leo Messi, que con un hábil regate y un tiro certero pone el 1-0 en el marcador. El partido continua en la misma línea y los goles siguen viniendo en la portería española. Cada gol es una algarabía de los argentinos del hostel que lo ven. Termina el partido 3-0 para los argentinos. Sam y yo tenemos que aguantar las mofas de estos.
- Otra? nos dice Gonzalo, el dueño del Hostel.
- Vale, pero esta vez con un árbitro neutral.
- Danos tiempo a que nos enteremos como funcionan los botoncillos del la pley, y veréis como se las gasta la roja.
Estos dos gauchos se ríen.
Gonzalo y David nos ganan solo por uno, pero España da síntomas de mejoría. El árbitro da síntomas de estar fabricado en Argentina y barre para casa.
Al poco, el juego de España, rápido y fluido, da sus primeros resultados y vence a la albiceleste por 3 a 0. La cara de estos dos gauchos ya cambia. Nos dieron las 3 de la mañana ganando a pesar del árbitro, Quilmes tras Quilmes. Gonzalo lo empieza a ver mal y se retira a la cama. Se lleva nuestros "saludos" por supuesto. Pobre.
El día siguente ameció como dicen aquí "Menenista". Al parecer en la época de Menem se robaron aquí hasta las nubes, y estos días de cielo así llevan este nombre.
Hablamos un rato con Renata, nuestra vecina cicuentona de habitación. Como muestra más de la amabilidad de esta gente, nos da su teléfono de Buenos Aires para vernos y por si nos hace falta cuaquier cosa.
Quedamos con Gonzalo para otro año más. - Entrenen y véngase otro año, ah, y no jueguen con España. Tomen otra selección....

No lo dudes, bribón. Eso sí, quedamos en repetir y avisar con tiempo para salir a la montaña, pescar o montar en bici. No tiene mucho que ofrecer este pueblo pero puedes vivir aquí de miedo sin salir de este pequeño valle.

Salimos de Cafayate con los tímpanos destrozados por La Mancha de Rolando. Hoy teníamos por delante poco más de 150 km, por carretera de montaña, que en verano esta verde pero que ahora es un pasto marrón sin mucha gracia. Es un pueblo muy turístico donde viene la gente a hacer montañismo.
Pronto encontramos el Hostel Nomade, que recordaban a Sam por el ambiente que dio una noche donde se quedaron todos en el salon del hostel tocando la guitarra y tomando algo. Recordaban sus juegos de magia y de ingenio que compró al tipo que los vendía en Yaziretá.
Para cenar no nos pudimos resistir al cochinillo pinchado como en una espada y que se hace lentamente al fuego. Ese era el escaparate del restaurante don Pepito. Con una parrilla para dos, nos pusimos hasta las orejas y sobró. El vino, lo más conocido de esta zona de la Rioja argentina, nos lo sirvieron en jarra de aluminio y acompañado con hielo. Nos quedamos de piedra, pero no quedó ni gota.

A la vuelta al hostel nos encontramos sin remedio con el España-Argentina. Inevitable. El seleccionador argentino presentó un equipo de gala. España sin embargo jugó con un equipo mermado y sin algunas de sus figuras. Comienza el partido. Los primeros minutos son de tanteo. Hay mucha tensión y se nota en el ambiente. Las dos selecciones se juegan mucho más la honra. La bruja Verón domina el centro del campo y Messi hace diabluras en el área contraria. La selección española por contra no parece tenerlo claro. El seleccionador no reacciona y mantiene a los mismos hombres sobre el terreno. Minuto 21, Heinze corta en el área argentina, pase largo a la brujita, que cede en corto a Leo Messi, que con un hábil regate y un tiro certero pone el 1-0 en el marcador. El partido continua en la misma línea y los goles siguen viniendo en la portería española. Cada gol es una algarabía de los argentinos del hostel que lo ven. Termina el partido 3-0 para los argentinos. Sam y yo tenemos que aguantar las mofas de estos.
- Otra? nos dice Gonzalo, el dueño del Hostel.
- Vale, pero esta vez con un árbitro neutral.
- Danos tiempo a que nos enteremos como funcionan los botoncillos del la pley, y veréis como se las gasta la roja.
Estos dos gauchos se ríen.
Gonzalo y David nos ganan solo por uno, pero España da síntomas de mejoría. El árbitro da síntomas de estar fabricado en Argentina y barre para casa.
Al poco, el juego de España, rápido y fluido, da sus primeros resultados y vence a la albiceleste por 3 a 0. La cara de estos dos gauchos ya cambia. Nos dieron las 3 de la mañana ganando a pesar del árbitro, Quilmes tras Quilmes. Gonzalo lo empieza a ver mal y se retira a la cama. Se lleva nuestros "saludos" por supuesto. Pobre.
El día siguente ameció como dicen aquí "Menenista". Al parecer en la época de Menem se robaron aquí hasta las nubes, y estos días de cielo así llevan este nombre.
Hablamos un rato con Renata, nuestra vecina cicuentona de habitación. Como muestra más de la amabilidad de esta gente, nos da su teléfono de Buenos Aires para vernos y por si nos hace falta cuaquier cosa.
Quedamos con Gonzalo para otro año más. - Entrenen y véngase otro año, ah, y no jueguen con España. Tomen otra selección....

No lo dudes, bribón. Eso sí, quedamos en repetir y avisar con tiempo para salir a la montaña, pescar o montar en bici. No tiene mucho que ofrecer este pueblo pero puedes vivir aquí de miedo sin salir de este pequeño valle.
Cachi y Cafayate
Desde Salta hasta Cachi tomamos una carretera que subía y subía, curva va y curva viene. En lo más alto de este páramo, con el contraste de pasar de la selva al desierto, atravesamos el PN de los Cardones. Es un secarral montañoso a 3000 metros de altura, llenito de cactus gigantescos; los cardones. Lo que más nos llamó la atención es el silencio de este sitio. Solo se oía nuestro corazón aporreando el pecho. Recorrimos resacosos estos valles y llegamos a la hora de la merienda cena a Cachi, un pueblo tranquilo que creíamos pequeño pero nos equivocamos. Lo más destacado de este lugar es su iglesia, la más antigua de América, del siglo XVII. Es estrecha y alargada, y toda la madera salvo los bancos es de madera de cardón.

En su costado, la calle más antigua del pueblo. Nos dijo un paisano que tenía casas de 1900 y pico. No nos parecieron antiguas. En España a poco que rasques hay casas de esa época hechas por el ilustre Pocero.

Nos pasamos por estas calles por indicaciones de nuestro guía particular Sam, que estuvo el año pasado. En una explosión de creatividad poética, escribió en su libreta de viaje "una calle por donde no pasa el tiempo". Pero el tiempo pasó, y las hormigoneras, y los pintores y los albañiles. Todo el barrio estaba reformatido y nuevo, y había cambiado el pavimento de piedras por unos feos hexágonos de hormigón. Una cagada que llamamos en España. Qué forma de destrozar un sitio tan bonito, como pudimos descubrir en varias fotos.

Esa noche dormimos en el albergue municipal. Otro sitio de esos "con encanto" con el mismo encanto del "chivito", que nos costó algó así como dos euros a cada uno. Ni cenamos esa noche y pronto a la cama a descansar.
Por la mañana salimos dirección Cafayate, conocido por su famosa Quebrada de las Cochas. En el camino, otra ruta de tierra de 200 km, atravesamos la desconocida e increíble Quebrada de las flechas. La luz del día, con el cielo lleno de cúmulos, hacía aún más hermosa la Quebrada. Luces y sombras en estos picos tan afilados, cambiaban por segundos, y nos presentaba varios paisajes totalmente distintos de uno mismo.

En un desvío del camino dudamos. Sam saca el melón por la ventanilla y pregunta a gritos a un paisano:
- Perdón, para Cafassshate.
- Cómo?
- Para Cafasssssssssshate.
- Dónde?
- Cafayate
- Cafayate todo recto.
David se ríe del acento tan particular del que llamó el Madrileño Trucho, capaz de pronunciar las elles al estilo Buenos Aires, en lugares dónde no lo hacen, la ché como si fuera del mismo Barbate, y hasta las eñes de una manera muy rara. A medida que avanza el viaje aumenta su mestizaje, y se nos hace más complicado entenderle. De la misma manera a David se le hace más complicado aguantarnos. Le damos toda la cera que podamos, sobre todo con su estupenda idea de traerse una camiseta del Barsa, pensando que nos agradaría. Majo, pues somos los dos Vikingos. Qué viaje te espera, bonito.

Llegamos a Cafayate un pueblo que no tiene nada, pero celebran la enterna Virgen del Rosario que nos va persiguiendo en nuestro viaje. Casi sin luz recorrimos la Quebrada de las Conchas, y pudimos ver el Monje, el Sapo y el Auditorio. Es una carretera sinuosa de 45 km, encajada entre paredes de arcilla con unas "atrassiones" que dicen aquí, y donde es necesario parar. En el auditorio charlamos con un tipo renegrío que tocaba la flauta como los ángeles, quedándonos pasmados con el sonido mágico de este lugar. Al final le compramos unas flautas de caña, y bromeamos un rato con él. Por desgracia no suenal igual que si las tocara él. En realidad no suenan, pero antes de Usuahia espero que saquemos al menos un Do.

Después de una cena de parrillada rica en un local con espectáculo que aquí llaman peñas, Sam y yo nos fuimos de Quilmes al único local abierto. Como vampiros saqueamos la música del ordenador del bar y conseguimos por fin nuestro ansiado "arde la ciudad".

En la puerta del hostel, un cartel marca 4230 km hasta la frontera Sur con Chile. Pues nos queda un trecho. Vamos pa la cama.

En su costado, la calle más antigua del pueblo. Nos dijo un paisano que tenía casas de 1900 y pico. No nos parecieron antiguas. En España a poco que rasques hay casas de esa época hechas por el ilustre Pocero.

Nos pasamos por estas calles por indicaciones de nuestro guía particular Sam, que estuvo el año pasado. En una explosión de creatividad poética, escribió en su libreta de viaje "una calle por donde no pasa el tiempo". Pero el tiempo pasó, y las hormigoneras, y los pintores y los albañiles. Todo el barrio estaba reformatido y nuevo, y había cambiado el pavimento de piedras por unos feos hexágonos de hormigón. Una cagada que llamamos en España. Qué forma de destrozar un sitio tan bonito, como pudimos descubrir en varias fotos.

Esa noche dormimos en el albergue municipal. Otro sitio de esos "con encanto" con el mismo encanto del "chivito", que nos costó algó así como dos euros a cada uno. Ni cenamos esa noche y pronto a la cama a descansar.
Por la mañana salimos dirección Cafayate, conocido por su famosa Quebrada de las Cochas. En el camino, otra ruta de tierra de 200 km, atravesamos la desconocida e increíble Quebrada de las flechas. La luz del día, con el cielo lleno de cúmulos, hacía aún más hermosa la Quebrada. Luces y sombras en estos picos tan afilados, cambiaban por segundos, y nos presentaba varios paisajes totalmente distintos de uno mismo.

En un desvío del camino dudamos. Sam saca el melón por la ventanilla y pregunta a gritos a un paisano:
- Perdón, para Cafassshate.
- Cómo?
- Para Cafasssssssssshate.
- Dónde?
- Cafayate
- Cafayate todo recto.
David se ríe del acento tan particular del que llamó el Madrileño Trucho, capaz de pronunciar las elles al estilo Buenos Aires, en lugares dónde no lo hacen, la ché como si fuera del mismo Barbate, y hasta las eñes de una manera muy rara. A medida que avanza el viaje aumenta su mestizaje, y se nos hace más complicado entenderle. De la misma manera a David se le hace más complicado aguantarnos. Le damos toda la cera que podamos, sobre todo con su estupenda idea de traerse una camiseta del Barsa, pensando que nos agradaría. Majo, pues somos los dos Vikingos. Qué viaje te espera, bonito.

Llegamos a Cafayate un pueblo que no tiene nada, pero celebran la enterna Virgen del Rosario que nos va persiguiendo en nuestro viaje. Casi sin luz recorrimos la Quebrada de las Conchas, y pudimos ver el Monje, el Sapo y el Auditorio. Es una carretera sinuosa de 45 km, encajada entre paredes de arcilla con unas "atrassiones" que dicen aquí, y donde es necesario parar. En el auditorio charlamos con un tipo renegrío que tocaba la flauta como los ángeles, quedándonos pasmados con el sonido mágico de este lugar. Al final le compramos unas flautas de caña, y bromeamos un rato con él. Por desgracia no suenal igual que si las tocara él. En realidad no suenan, pero antes de Usuahia espero que saquemos al menos un Do.

Después de una cena de parrillada rica en un local con espectáculo que aquí llaman peñas, Sam y yo nos fuimos de Quilmes al único local abierto. Como vampiros saqueamos la música del ordenador del bar y conseguimos por fin nuestro ansiado "arde la ciudad".

En la puerta del hostel, un cartel marca 4230 km hasta la frontera Sur con Chile. Pues nos queda un trecho. Vamos pa la cama.
Salta
Tras un palizón de coche llegamos por la noche a Salta, capital de....Salta. Esto está mirando el mapa de Argentina a la izquierda arriba. Al Sur de Bolivia está Jujuy, y al sur de Jujuy está Salta. Estas son dos provincias pobres, donde dominan los Quechuas, de rostro moreno rojizo, pelos negros lisos, ojos achinados y nariz larga. Pero lo que más llama la atención de esta gente es la paz que transmiten. Son realmente encantadores y sencillos.

En Salta llegamos sobre las 22 al hostel. Nos dio tiempo para una ducha y probrar el guiso gaucho al que nos invitaron en el hostel. Era como un arroz milanesa picante y con papas cocidas.
Como estábamos frescos y con ganas de olvidar la cabra tiesa de horas antes, nos fuimos a beber para olvidar. Al norte, hay un barrio en donde se concentran los bares. Nos lleva en un remiss un chaval que masca un bolón de coca que le deforma la cara. 1 euro nos cuesta cruzar la citi. Tras ojear varios bares extraños, entre restaturante y pub, nos metemos en otro, más raro pero al menos podías ponerte en la barra. Para nuestra sorpresa tres pendejos se suben al escenario para tocar. Guitarra, bajo y batería. No pasaban de los 20 años pero tocaban como los ángeles. Comenzaron con clásicos del rock, y pronto tocaron lo que será nuestro himno del viaje. Arde la ciudad de la Mancha de Rolando. No hemos parado hasta conseguir que nos grabaran la canción.
Aún estando avisados del peligro del Fernet, nos abandonamos a su suerte. Tres de estos con cocacola, y ya estábamos perdidos. Pues ya from lost, to de river.
- Dónde podemos tomar algo más?
- Hoy domingo queda el Salón.
Otro remisero nos lleva al Salón, con otro bolón de coca en sus piños. Sabíamos que sería una experiencia vital. Más que nada nos llevó nuestro espíritu de aventureros hasta allí. Y la verdad es que fue para aventureros. Era un discotecón en las afueras. Los domingos se mezcla allí de todo. Pues vamos padentro.
La disco toda oscura, con reggeton a tope y un montón de morenos y morenas por todas partes. No habíamos puesto el pie en el suelo cuando nos asaltan una tropa de paisanas.
- Me encantan los españoles. Le presento una amiga a tu amigo?
- Quita bicho, que bastante tenemos por hoy con la cabra putrefacta de Iruya.
- Si no te gusto yo te presento a la chica de la disco que quieras.
- Para programas, ya tenemos suficiente con nuestro favorito, mira quien patina.
Pues así pasamos la noche evitando a las chicas de programas que estaban por todas partes.
- Y el vaso? me dicen Sam. - Yo qué se. - Jodío que te cobran 3 pesos si no lo devuelves. - Uf. En España te invito a unas bravas.
Ya nos extrañó que había gente que llevaba 3 y 4 vasos en la mano, y cuando se te terminaba la copa te pedían el último trago.
A las 6 de la mañana tomamos un remiss de vuelta al Hostel. El chicho de recepción se partía cuando le dijimos de dónde veníamos.

A la mañana siguiente el Fernet no nos dejaba resaca ninguna. Es tan venenoso como inofensivo al día siguiente. Sinembargo el "chivito" tierno nos mata desde dentro. Es como un alien que tenemos que llevar hasta que nuestro cuerpo vaya depurando poco a poco la sangre.
Seguimos ruta 40 abajo, tomando curvas, y pasando de carretera asfaltada a de tierra y así hasta el infinito, pero eso sí, por unos paisajes de montaña más que inolvidables.

En Salta llegamos sobre las 22 al hostel. Nos dio tiempo para una ducha y probrar el guiso gaucho al que nos invitaron en el hostel. Era como un arroz milanesa picante y con papas cocidas.
Como estábamos frescos y con ganas de olvidar la cabra tiesa de horas antes, nos fuimos a beber para olvidar. Al norte, hay un barrio en donde se concentran los bares. Nos lleva en un remiss un chaval que masca un bolón de coca que le deforma la cara. 1 euro nos cuesta cruzar la citi. Tras ojear varios bares extraños, entre restaturante y pub, nos metemos en otro, más raro pero al menos podías ponerte en la barra. Para nuestra sorpresa tres pendejos se suben al escenario para tocar. Guitarra, bajo y batería. No pasaban de los 20 años pero tocaban como los ángeles. Comenzaron con clásicos del rock, y pronto tocaron lo que será nuestro himno del viaje. Arde la ciudad de la Mancha de Rolando. No hemos parado hasta conseguir que nos grabaran la canción.
Aún estando avisados del peligro del Fernet, nos abandonamos a su suerte. Tres de estos con cocacola, y ya estábamos perdidos. Pues ya from lost, to de river.
- Dónde podemos tomar algo más?
- Hoy domingo queda el Salón.
Otro remisero nos lleva al Salón, con otro bolón de coca en sus piños. Sabíamos que sería una experiencia vital. Más que nada nos llevó nuestro espíritu de aventureros hasta allí. Y la verdad es que fue para aventureros. Era un discotecón en las afueras. Los domingos se mezcla allí de todo. Pues vamos padentro.
La disco toda oscura, con reggeton a tope y un montón de morenos y morenas por todas partes. No habíamos puesto el pie en el suelo cuando nos asaltan una tropa de paisanas.
- Me encantan los españoles. Le presento una amiga a tu amigo?
- Quita bicho, que bastante tenemos por hoy con la cabra putrefacta de Iruya.
- Si no te gusto yo te presento a la chica de la disco que quieras.
- Para programas, ya tenemos suficiente con nuestro favorito, mira quien patina.
Pues así pasamos la noche evitando a las chicas de programas que estaban por todas partes.
- Y el vaso? me dicen Sam. - Yo qué se. - Jodío que te cobran 3 pesos si no lo devuelves. - Uf. En España te invito a unas bravas.
Ya nos extrañó que había gente que llevaba 3 y 4 vasos en la mano, y cuando se te terminaba la copa te pedían el último trago.
A las 6 de la mañana tomamos un remiss de vuelta al Hostel. El chicho de recepción se partía cuando le dijimos de dónde veníamos.

A la mañana siguiente el Fernet no nos dejaba resaca ninguna. Es tan venenoso como inofensivo al día siguiente. Sinembargo el "chivito" tierno nos mata desde dentro. Es como un alien que tenemos que llevar hasta que nuestro cuerpo vaya depurando poco a poco la sangre.
Seguimos ruta 40 abajo, tomando curvas, y pasando de carretera asfaltada a de tierra y así hasta el infinito, pero eso sí, por unos paisajes de montaña más que inolvidables.
Iruya
Este día tocaba la mítica Iruya. Aquí se derriten si les dices esa palabra. Nosotros ni idea de qué nos íbamos a encontrar. Sabíamos que era un pueblo colgado en las faldas de los Andes pero poco más. Y para allá que fuimos. Subimos carretera arriba hacia Bolivia y un poco antes de la frontera, sobre los 3000 metros de altitud salía un desvío hacia el pueblo.

5 kilómetros indicaba el cartel por un camino de cabras. Pero aquí el tema de carteles y señalización no lo llevan bien, y faltaba un 4 justo a la derecha del 5. Por lo tanto 54 km por camino de tierra por un desfiladero llenito de curvas. El camino era una preciosidad, pero inevitable pensar en cada curva que qué sería de nosotros si el coche toma el camino corto hacia el fondo del valle. Poco a poco tomamos altura, y el corazón lo nota. En reposo se nos sale del pecho y al hacer un pequeño esfuerzo ya boqueamos como las carpas del retiro en verano.


Llegamos poco a poco, parando a hacer fotos de los impresionantes paisajes del desfiladero, hasta los 4000 metros de altitud. Qué frío, qué árido todo y qué silencio. En realidad no hay nada con lo que el viento pueda chocar. Sinembargo, en mitad de esta nada al fondo, aparece un pueblo más grande de lo que esperábamos, y por sorpresa, celebraban la festividad de la Virgen del Rosario, o del Torito.

Menudo pifostio había montado en este lugar perdido de la cordillera Andina. De entrada el río estaba tomado por carpas azules donde se vendía de todo. Por supuesto no podía faltar el campo de fútbol con su correspondiente partido, y al fondo, el pueblo con su iglesia de tejado azul, de donde salieron unos cuantos tipos con máscaras de vacas, y de caras extrañas, que hacían una danza don saltos circulares, adelantándose a los 3 curas que pedían menos cámaras y más pañuelos en la procesión que abarrotaba la salida de la iglesia.


Por otro lado aparecieron un montón de ginetes vestidos de rojo con capas y con unas alas a forma de escudos enormes que son para protegerse de los espinos que hay por los caminos de estos desiertos.
Más o menos nos hacemos una idea de cómo es esto y nos vamos a curiosear por la zona de las carpas del río. Aquí se vende de todo. Los chavales visten igual o de manera más sofisticada que en cualquier ciudad española, eso sí, todo pirata. Todos con móvil por supuesto, y hablando con ellos no dan para nada la impresión de vivir aislados del mundo en este secarral andino. Quizá internet tiene mucho que ver en esto.

El hambre lo matamos con un "manjar" en uno de estos puestos. Solo quedaba carne de "chivito" muy entre comillas. Por un peso más nos ofrecen sopa de choclo (maíz) pero miramos un poco a nuestra izquierda, y viendo el agua gris que bajaba por el río dijimos que mejor no. Ya bastante teníamos con no quedarnos pegados a la mesa. Aquí al menos mi límite de pulcritud e higiene en la mesa tocó fondo. Con un poco de esfuerzo pudimos cortar un trozo de este "chivito" mientras hacíamos comentarios jocosos sobre la carne tierna del día.
- Esta cabra se entregó. Dijo matenme que no tengo dientes ya para comer más hierba.
La señora nos mira como diciendo, y estos milindris pq no comen...
- Traíganos por favor una Quilmes a ver si pasa esta carne "tierna", por favor. El humo del bidón cortado por la mitad a modo de parrilla no deja de mandarnos su humo.
- Qué estoy pisando? Ah! son dos perros llenos de pulgas. Sssstupendo.
- Esta cabra se la ponen a José Tomás y tiene que llamar a la Guardia Civil para que la maten.
- Por favor yymy, despégame con el cuchillo el brazo del mantel, que tengo que cortar otro trozo más.
- Ya me gustaría a mí despegar los míos y salir corriendo de este sitio.
.....
- Y no quieren ustedes una sopita?
- Pues mire señora, nos venimos de España solo con el tétanos y hepatitis B. Si no, nos encantaría probarla. Pero va a ser que no.
Pues intentando olvidar el almuerzo campestre, nos paseamos por los puestos para completar el plan B. Compramos unas barbies piratas para las niñas de Maimará. Cinco preciosas muñecas falsas en cajita de plástico transparente. Y no traían la cabra tierna "barbie". Es igual. Les gustará.
También compramos un balón del fútbol para unos chavales que vivían en mitad del páramo y nos pararon para pedirnos unas galletitas.
Sin más preámbulos ni esperas sorteamos a los Quechuas totalmente cocidos como sepias por la cerveza, y salimos antes que ellos. El camino estaba como para ir bebido. Nosotros solo pensábamos en nuestro cepillo de dientes y el líquido ese azul que mata gérmenes y aliento a cabra madura.

Tras unos tortuosos 50 km por la tierra, que nos llevó más de dos horas de camino, asados de calor esta vez, y subiendo las ventanillas cada vez que nos cruzábamos con un coche para no comer más porquerías, no encontramos a los chavalillos de las galletitas. - Pues mira, en las primeras porterías que encontremos le damos unas clases de fútbol al Misionero. David se ríe. El pobre va intuyendo la tortura de meterse 40 días en un coche con nosotros dos.
Llegamos a Maimará pero no vemos a las chicas. Paramos y aparecen detrás de un parapeto de piedras. Pierden el culo por llegar a nuestro coche y se acuerdan de que uno de nosotros no se llevó el regalito el día antes. - Pues mirad, ahora os traemos un regalito nosotros. Lo miran con cara de alucine. No se lo podían creer, y su reacción fue darle la caja de las cinco muñecas a la más pequeña de las tres. Increíble la dulzura de estas tres pequeñas. Varios kilómetros más alante todavía seguían en nuestras cabezas y mientras pasaban los kilómetros ya tramamos el plan para mandarles todo lo posible desde España. Quién quiera colaborar que guarde ropa de abrigo que le sobra, de esa que tiramos pq se nos ha despeluchado un poco o ya no se lleva.

5 kilómetros indicaba el cartel por un camino de cabras. Pero aquí el tema de carteles y señalización no lo llevan bien, y faltaba un 4 justo a la derecha del 5. Por lo tanto 54 km por camino de tierra por un desfiladero llenito de curvas. El camino era una preciosidad, pero inevitable pensar en cada curva que qué sería de nosotros si el coche toma el camino corto hacia el fondo del valle. Poco a poco tomamos altura, y el corazón lo nota. En reposo se nos sale del pecho y al hacer un pequeño esfuerzo ya boqueamos como las carpas del retiro en verano.


Llegamos poco a poco, parando a hacer fotos de los impresionantes paisajes del desfiladero, hasta los 4000 metros de altitud. Qué frío, qué árido todo y qué silencio. En realidad no hay nada con lo que el viento pueda chocar. Sinembargo, en mitad de esta nada al fondo, aparece un pueblo más grande de lo que esperábamos, y por sorpresa, celebraban la festividad de la Virgen del Rosario, o del Torito.

Menudo pifostio había montado en este lugar perdido de la cordillera Andina. De entrada el río estaba tomado por carpas azules donde se vendía de todo. Por supuesto no podía faltar el campo de fútbol con su correspondiente partido, y al fondo, el pueblo con su iglesia de tejado azul, de donde salieron unos cuantos tipos con máscaras de vacas, y de caras extrañas, que hacían una danza don saltos circulares, adelantándose a los 3 curas que pedían menos cámaras y más pañuelos en la procesión que abarrotaba la salida de la iglesia.


Por otro lado aparecieron un montón de ginetes vestidos de rojo con capas y con unas alas a forma de escudos enormes que son para protegerse de los espinos que hay por los caminos de estos desiertos.
Más o menos nos hacemos una idea de cómo es esto y nos vamos a curiosear por la zona de las carpas del río. Aquí se vende de todo. Los chavales visten igual o de manera más sofisticada que en cualquier ciudad española, eso sí, todo pirata. Todos con móvil por supuesto, y hablando con ellos no dan para nada la impresión de vivir aislados del mundo en este secarral andino. Quizá internet tiene mucho que ver en esto.

El hambre lo matamos con un "manjar" en uno de estos puestos. Solo quedaba carne de "chivito" muy entre comillas. Por un peso más nos ofrecen sopa de choclo (maíz) pero miramos un poco a nuestra izquierda, y viendo el agua gris que bajaba por el río dijimos que mejor no. Ya bastante teníamos con no quedarnos pegados a la mesa. Aquí al menos mi límite de pulcritud e higiene en la mesa tocó fondo. Con un poco de esfuerzo pudimos cortar un trozo de este "chivito" mientras hacíamos comentarios jocosos sobre la carne tierna del día.
- Esta cabra se entregó. Dijo matenme que no tengo dientes ya para comer más hierba.
La señora nos mira como diciendo, y estos milindris pq no comen...
- Traíganos por favor una Quilmes a ver si pasa esta carne "tierna", por favor. El humo del bidón cortado por la mitad a modo de parrilla no deja de mandarnos su humo.
- Qué estoy pisando? Ah! son dos perros llenos de pulgas. Sssstupendo.
- Esta cabra se la ponen a José Tomás y tiene que llamar a la Guardia Civil para que la maten.
- Por favor yymy, despégame con el cuchillo el brazo del mantel, que tengo que cortar otro trozo más.
- Ya me gustaría a mí despegar los míos y salir corriendo de este sitio.
.....
- Y no quieren ustedes una sopita?
- Pues mire señora, nos venimos de España solo con el tétanos y hepatitis B. Si no, nos encantaría probarla. Pero va a ser que no.
Pues intentando olvidar el almuerzo campestre, nos paseamos por los puestos para completar el plan B. Compramos unas barbies piratas para las niñas de Maimará. Cinco preciosas muñecas falsas en cajita de plástico transparente. Y no traían la cabra tierna "barbie". Es igual. Les gustará.
También compramos un balón del fútbol para unos chavales que vivían en mitad del páramo y nos pararon para pedirnos unas galletitas.
Sin más preámbulos ni esperas sorteamos a los Quechuas totalmente cocidos como sepias por la cerveza, y salimos antes que ellos. El camino estaba como para ir bebido. Nosotros solo pensábamos en nuestro cepillo de dientes y el líquido ese azul que mata gérmenes y aliento a cabra madura.

Tras unos tortuosos 50 km por la tierra, que nos llevó más de dos horas de camino, asados de calor esta vez, y subiendo las ventanillas cada vez que nos cruzábamos con un coche para no comer más porquerías, no encontramos a los chavalillos de las galletitas. - Pues mira, en las primeras porterías que encontremos le damos unas clases de fútbol al Misionero. David se ríe. El pobre va intuyendo la tortura de meterse 40 días en un coche con nosotros dos.
Llegamos a Maimará pero no vemos a las chicas. Paramos y aparecen detrás de un parapeto de piedras. Pierden el culo por llegar a nuestro coche y se acuerdan de que uno de nosotros no se llevó el regalito el día antes. - Pues mirad, ahora os traemos un regalito nosotros. Lo miran con cara de alucine. No se lo podían creer, y su reacción fue darle la caja de las cinco muñecas a la más pequeña de las tres. Increíble la dulzura de estas tres pequeñas. Varios kilómetros más alante todavía seguían en nuestras cabezas y mientras pasaban los kilómetros ya tramamos el plan para mandarles todo lo posible desde España. Quién quiera colaborar que guarde ropa de abrigo que le sobra, de esa que tiramos pq se nos ha despeluchado un poco o ya no se lleva.
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