martes, 7 de octubre de 2008

Hacia Salta

Sobre las 8 de la mañana antes de que sonara el despertador, que no solemos hacer mucho caso (pobre), abre la puerta la del papito, que entra como si nada y al verme allí tostao, se asusta, cambia su expresión a un "lo siento, papi" y cierra la puerta. David se había levantado a correr. Tiene campeonato de Taek-wondo en Montevideo el día 5 de noviembre, y tiene que llegar en forma.
Nos sentamos en las mugrientas mesas del salón que vimos la noche antes desde la calle y pedimos un desayuno por 4 pesos (casi 1 euro). El café con leche no puede ser pq no hay leche. - Vos querés un café batido o mate cocido? - un café batido que suena bien. Para mi desgracia es un asqueroso nescafé, pero lo peor no había llegado. - Para comer que tienes? - Pan. Bueno unas tostadas ricas seguro que nos vienen muy bien. - Pues nos pones pan. Diosssssssssss que es esto?!!! Sin una expresión muy animada en su cara, la muchacha nos deja en la mesa un plato con trozos de pan cortados en triángulos. Y la mermelada?? y la mantequilla?? qué iluso. Era pan duro del día anterior sin más. Para más pena, además de soso y duro estaba rancio a más no poder. No puedo tragar eso por más hambre que tenga. Sinembargo Sam, a lo tonto no deja ni una miga de ese asqueroso manjar. Toma tus 10 pesos y te los introduces por el orto, maja.
Recorremos las destartaladas calles de Monte Quemado, y salimos a la general para hacer otro cerro de quilómetros hasta aproximarnos a la frontera con Bolivia.
Una y otra vez intentamos que suenen los mp3 de Sabina y Bunbury que grabamos en Iguazú pero reproductor se niega. En un día gris vamos avanzando por un terreno verde y ya montañoso de selva subtropical. Unas espesas nubes se esconden detrás de las inmensas montañas del norte. Dudamos si bajar a Salta y arriesgarnos y tirar "parriba". Con el tiempo así es tontería subir, pero subimos. Atravesamos una montaña entre la niebla y poco a poco, en la bajada, vamos viendo la escarpada orografía de esta parte, con impresionantes cortados plagados de cactus gigantescos que aquí llaman cardones.

Bajamos del coche para sacar alguna foto, pero con más buena intención que otra cosa, pq el frío se nos mete en los huesos. Y un poco más alante llegamos a Purmamarca, un pequeño pueblo precioso de casas de barro, famoso por estar en la base del cerro de los 7 colores. Esto, mejor verlo en foto que describirlo. Mirásemos donde mirásemos todo es espectacular. El agua va moldeando estas empinadas montañas, dejando formas picudas que al lavar muestran los colores de los sustratos de debajo. Cada sustrato es de un color, arcilloso, plomizo, amarillo, verdoso....
En el mercadillo de artesanía compramos unos gorros de lana de yama y algún recuerdo. David se compra todo para el frío. En su pueblo no existe el frío, y aquí se congela. Se gana el sobrenombre de El Misionero Cebolla, por la cantidad de capas que lleva. Unas fotos más y en ruta.


En nuestro viaje hacia Bolivia, llegamos a Tilcara, otra población al estilo de las de este valle, de barro y con unas calles en cuesta impresionantes, que tienen como fondo las paredes casi verticales de las montañas. El cielo es limpio y ello permite que muestre un azul casi negro. En un local muy rústico nos tomamos unos deliciosos "sangüis" de lomito, bien tostao con una salta tipo chimichurri. Una delicia por poco más de un euro. Y por supuesto una Norte de litro.


Un poco antes de Tilcara, paramos en la carretera a hacer un foto del cementerio de Maimará. Sin saber de dónde habían salido se nos acercan tres niñas morenitas de 8 o 9 años y otra más pequeña, que nos llaman señor y nos ofrecen unos regalos. - llévese este regalito señor. Nosotros, casi sin escucharlas decimos que no, pensando que algo nos costaría. Pero esta vez no. El regalo era gratis, con un pequeño esfuerzo para nosotros, y es llevarnos su dirección postal para que las escribamos y les mandemos ropita que en invierno pasan mucho frío acá. A nosotros esto se nos clava en el alma y durante el resto del día no logramos que se nos vaya de la mente, pensando en lo imbéciles que hemos sido de no traer ropa de España o material escolar. Algún plan B se nos tiene que ocurrir.


Seguimos por la carretera, por este valle escarpado multicolor de discurre de Norte a Sur. A nuestra derecha en amplímisimo y torrencial río Grande, que lleva un hilillo de agua solamente. Por su anchura, ver este río bajar con su máximo caudal debe ser un espectáculo.
Llegamos a Humahuaca, lugar donde dormiremos esa noche en un coqueto y apartado hotelillo. Desde allí tenemos privilegiadas vistas a la quebrada de Humahuaca. La luz de la puesta del sol fue increíble, mientras el frío no daba tregua.

Por la noche cenamos es un esperpéntico lugar, llamado Cultur Bar. Era una casa con un pasillo largo, cuyos dueños habían convertido en museo. Cada habitación era un pequeño museo. El conjunto era bastante horrendo. Para cenar había una mesa el pleno pasillo con toda la corriente de aire, y una mesa más en una de las habitaciones. Un tipo moreno de ojos hundidos, con la piel arrugada y una gorra que lo hace más oscuro todavía nos trae la parrillada de yama, arranstrando sus pies torcidos hacia adentro, y nos pregunta por el Kun Agüero. - Ustedes allá les dan el punto final que les hase falta, nos dice. Si pero en el aleti..... no se yo.

Dudando si planchar la oreja o conocer el boliche de aquí, gana lo segundo, pero cobraban entrada y el panorama no era muy atractivo, con un montón de tipos bien "chupados" (bebidos). Congelados nos fuimos al hostel, a dormir en nuestra cabaña de madera de cuatro plazas.

Pasando el Chaco

Seguimos camino del noroeste argentino. Desde Ituzangó seguimos recorriendo las rectas carreteras de El Chaco. Esta provincia es la más pobre de aquí, y las imágenes del hambre cuando vienen malas, suelen ser todas de esta provincia. A los lados de la carretera, separadas muchos kilómetros se encuentran algunos poblados destartalados, generalmente de casas de adobes y techos de chapa, con calles de barro, llenas de charcos y basuras, mezclados con niños sucios que deberían estar en el cole, y gente que se mueve en bici. Entre pueblo y pueblo hay una espesa vegetación de monte bajo impenetrable donde se dejan ver muchas aves y de vez en cuando algún cerdo que se mueve con tranquilidad por la cuneta de la carretera.
Se nos hace de noche, y la pobre señalización de las carreteras, tendentes a informarte de los desvíos cuando ya lo has tomado, nos mete 90 km de más, hasta General Pineda. Samuel se da cuenta, gracias a Dios, y damos la vuelta para rehacer lo recorrido, intrigados por conocer el punto exacto del extravío en una carretera que solo es recta. Es noche cerrada y no se ve nada. Por las cunetas sin embargo pululan montones de personajes. Dos chicas hacen autostop. Nosotros aprovechamos para preguntrar si vamos bien, y decidimos acercarlas al siguiente pueblo, a 15 km. Dónde vais ahora? - Ahora vamos a trabajar....Ninguno de los tres tenemos el valor de preguntar lo obvio, sin embargo cuando se bajan del coche, David nos indican que seguro que "hacen programas", que viene a ser que se dedican a la prostitución. Las dejamos en las afueras de un poblado oscuro de estos pobres de la zona y seguimos viaje. Poco más alante, nuestros faros iluminan a un tipo más negro que el carbón que esperaba en la carretera que alguien lo trasladara. La conversación con él era sencilla pues decía a todo que sí. Le dijimos que veníamos de España y dijo si si si, como si no tuviera ni idea de que fuera eso de España. Es más él nos preguntó que si veníamos de Mendoza o "por ahí", por nuestro acento. Eso sí, no pudo aguantar el ansia de fumarse un cigarro de los de Sam, y no dudó en hacer del pedigüeño. Hala majo, hasta otra. Y ya por fin llegamos al punto del despiste. Imposible haber tomado bien la dirección correcta.
Tras otros 300 kilómetros más, llegamos a Monte Quemado, dudando si hacíamos la machada de otros 400 km más o nos rendíamos allí y seguíamos camino al día siguiente. Y allí nos quedamos en el hotel 9 de julio, campeón hasta la fecha al lugar más cutre. Nos atiende una mujer de nos 45 tacos, morena con el pelo algo corto y rizado, y con una energía en la mirada que nos tumbaba. "vos querés unas empanaditas papi?" "vos querés un churrasquito?". - Si os queréis quedar aquí son 30 pesos por persona. Si no, tenéis otros hoteles "acá y ashá". - Que nos quedamos si nos pones de cenar. -Pues vos tomá la mesa y sacarla a la cashe, papi, que tengo los brazos ya cansados. - Lo que usté mande.

Nos sentamos en la calle en una mesa, iluminados solo por el cartel del hotel, viendo el panorama tanto interior como exterior. Dentro, el bar era como una especie de vivienda. Tenía unos sillones de escay, de esos del año la pera, con la familia allí sentada mirando "mira quien patina" con el presentador omnipresente de las greñas morenas, que fue presidente del Badajoz C F. En las paredes, feos tapices de escenas de caballos y montañas, de la última cena y de otras horteradas. Fuera desde un kiosko, que era el Boliche local, o el sitio donde se va a bailar, nos martillea con una estruendosa música tipo "gitanos de la cabra" y a veces nos sorprende con la mismísima Creedence Clear Water "Rivaival".
Imposible no cruzar la acera para vivir esa experiencia. Y allí nos plantamos, a ritmo de Cumbia, sentados en sillas de resina blanca y apurando varias Quilmes de las tochas, sobre un mantel de plástico con floripondios amarillos. Por las calles pasan numerosas motos destrozadas, pero eso si con los faros de neón en las ruedas pero los focos de ver apagados. Algunos llegan al boliche en destartaladas bicis, y salen con algo más que problemas por manterner la trayectoria recta. Nosotros seguimos alucinando pero el cansancio puede con nosotros. Allí dejamos a las camareras haciendo empanadas quizá para el día suiguiente. Hasta mañana.

sábado, 4 de octubre de 2008

Yazireta


7 de la mañana. David ya se ha levantado. A Sam y a mi nos cuesta mas. Desayunamos en una estacion de servicio rapidamente. A las 8 30 estabamos en el centro de interpretacion de la presa. No habia plazas pero un profesor de un colegio nos cuela en su bus junto al grupo de estudiantes.
En el camino la guia nos cuenta la historia de la presa y datos importantes. Es una presa que tiene 65 Km de muro, en el rio Parana. Es compartida entre Paraguay y Argentina. Tiene 20 turbinas y cuando este a pleno funcionamiento dara energia para satisfacer las necesidades del 20 % del pais. Cada una de las turbinas mide 25 metros de diametro por 30 de alto.
En la gigantesca sala donde se alojan, todo tiembla. El rugir impresiona y te dice mucho sobre su inmensidad. Tiene una doble pared de 4 metros de ancho de hormigon para contener la fuerza del agua embalsada.
En el exterior pudimos comprobar el funcionamiento del sistema de compuertas para que la atraviesen barcos, y todo el tinglado que han montado para que remonten los peces. Inyectan agua a contracorriente para que los peces suban, y un operario controla que el paso de peces se haga correctamente. Si en el momento de cerrar compuertas ve que hay un cardumen, varia la fuerza de la corriente para que pasen o se queden pero que no los manten las puertas.
Nos contaron que incluso hay peces que crian en las turbinas, ya que el ambiente les debe parecer ideal. Las turbinas dan mas o menos una vuelta por segundo, velocidad que no acaba con ellos.
Termino la visita. Nos despedimos agradeciendo el detalle a este colegio, y estuvimos pasando una hora larga charlando con un sñor que vendia juegos de ingenio de alambre, que el mismo fabricaba en el sitio. Era descendiente de alicantino y catalana. Cuando abria la boca solo se le veian 2 dientes, y no paraba de reirse. Nos decia que siempre, aunque el dia este gris el esta feliz. Y asi un dia y otro dia moldeando con los alicates a toda velocidad sus juegos de alambre.



Compramos varios, y nos incito a q hicieramos apuestas con esos juegos y ganaramos dinero y champan. Despues de esta charla tan simpatica se fueron los que el denomino "caballos rusos".

Por fin salimos de Iguazu



Pues a las 10 estabamos desayunados y preparados para salir. Un Clio gris con culo (aqui baul). Primera parada Paraguay pq Sam queria comprar una camara. Para llegar a Paraguay hay que pasar la frontera Brasileña, hacer papeles, y pasar la Paraguaya y nuevamente papeleo. Atravesamos Foz de Iguazu, tercera ciudad mas peligrosas de Brasil. Cada semana mueren acribillados a balazos unas 10 personas, y los secuestros son comunes. Es una ciudad de 500 000 habitantes y algo mas que fea, pero preciosa comparada con Ciudad del Este, primera ciudad nada mas pasar la frontera, a orillas del rio Paraguay. La entrada es horrorosa. Mierda por todos lados, contaminacion, motos, personas, perros y basura acumulados por todas partes. Todo es un caos. La gente se agolpa aqui debido a que tienen muy buenos precios sobre todo en electronica, y el trafico de mercancias es brutal. Es como meter el coche por el rastro de Madrid, pero con mas gente y con unos edificios gigantescos y mugrientos de hormigon gris rodeandolo todo a orillas del rio y casi entre la selva.
Lo que ofrecian no nos gusto, y solo compramos unas gafas de sol pirateadas por 4 euros, y preguntamos a un paisano que vendia musica que si tenia algo de Heroes del Silencio, Fito, Bunbury o Sabina. Nada de nada, asi que tiramos millas.
De camino paramos en un mirador donde se divisan las 3 fronteras, de Paraguay, Brasil y Argentina. En este lugar se juntan el rio Iguazu q 20 km antes forma las cataratas, y el Paraguay que viene de.....Paraguay. Por cierto que el clio para guay, pq en varias ocaciones nos podiamos haber llevado un paisano enganchado al radiador. Si en Argentina conducen mal, aqui ya son demonios.
David todavia nos toma distancias, y se plantea el viaje muy servicial, como si nos tuviera que guiar y proteger. Nosotros le metemos caña para que se olvide, nos tutee y se piense que esta de vacaciones como nosotros. Cuando entra en los sitios y le pregunta dice....yo soy el chofer, con acento en la e. Pero a lo largo del viaje se va tranquilizando y todos nos vamos acomplando.
Nuestra primera parada prevista es la Mision de San Ignacio Mini, la mas grande de las que se conservan, a unos 300 km de iguazu. En el camino al menos pasamos 5 controles policiales, todos con exito.
Llegamos a la Mision sobre las 5. Mientras el guia llega, nos comimos unas Milanesas, que es como un bocadillo enorme de carne empanada. David las conoce y nos espera fuera. Nosotro entramos junto a estudiantes de un colegio de Mendoza. Impresiona la extension de esta mision jesuitica del 1600. Es como un pueblo fortificado, con iglesia, viviendas e inmensa iglesia, donde los jesuitas daban proteccion a los guaranies, les enseñaban a currar y segun el centro de interpretacion los explotaban. Aprendieron su lengua atrayuendo a los caciques, les enseñaron a producir, les metieron el arte como caballo de troya, e hicieron de las Misiones unas fabricas muy productivas, con mano de obra tirada.



En la actualidad se conservan las paredes de piedras y las columnas de lo que fueron los porches. En la iglesia, todavia quedan sillares tallados en piedra de barroco guarani, combinacion del arte barroco que llevaron los europeos en el XV y del arte guarani. Tirado en el suelo hay una gran piedra gris con el escudo de la Compañia. Nadie se da cuenta pero el guia nos reta a tener una experiencia magica. Nos dice que entornemos los ojos y que miremos fijamente al escudo y que al rato veremos el rostro de Jesus, y asi fue. Nos dice, ahora imaginad este escudo en esta otra posicion, con la oscuridad de la iglesia y en alto. Os dais cuenta de lo bien que los Jesuitas manejaban el miedo? Eran maestros por lo que pudimos ver. Con este miedo subliminal, los guaranies ni pestañeaban y a producir. Vosotros sois jovenes. Teneis que pensar y saber quien es quien. Lo que os quiero decir es que los jesuitas no llegaron a Misiones por motivos religiosos, les cuenta el guia al joven grupo de Mendoza. Estos a diferencia de los chavales de España u otro pais mas desarrollado, parecen aceptar la charla con impecable educacion.


Los ultimos rayos narajas de sol se agotan, y nosotros salimos de la mision impresionandos por la grandeza de esta obra. David nos espera en el coche y sin mas ponemos rumbo hacia Corrientes. 3 o 4 controles mas y al quinto nos cazan . Los maderos nos hacen bajar del coche. Pasan las linternas por el maletero y por el interior, y nos hacen abrir en pleno campo las mochilas, revisando todo pero fijandose mucho en los aparatos electronicos y en el tabaco de Sam. Tabaco español? Llevas mucho? le pregunta el policia, pero Sam no pica y no le da un paquete que era lo que este perro buscaba. Muchas gracias...pueden seguir su recorrido. Y lo hicimos.
La carretera sigue recta, con una doble linea amarilla en su mitad, que es solo una mancha de pintura que nadie respeta. Llegamos derrotados a Ituzaingo, pueblo situado a orillas del Parana y donde se situa la presa mas grande del mundo, la de Yazireta, que en guarani significa la casa de la luna.
Dormimos en un hotel cutre cutre cutre. 40 pesos los tres. 8 euros una habitacion de 6 plazas para los tres solos. Anteriormente habiamos pasado por varios hoteles, y desarrollamos un metodo para saber el precio sin entrar a preguntar: Parabamos en la puerta y haciamos una foto al cartel con los precios de la pared de la recepcion, con el zoom a tope. 130 pesos la habitacion de 3....vamonos. Y asi encontramos este tan barato.
Cenamos en un lugar humilde un riquisimo bife de ternera, un lomo, mientras todo el personal del restaurante y nosotros veiamos embobados el Arsenal-Estudiantes de Copa. Cero cero y el estudiantes pasa.
El sueño nos derroto y tiramos a dormir al hotel que teniamos que madrugar para ver la presa al dia siguiente.

Casi ultimo dia por Iguazu

Dejamos el asunto en las cataratas brasileñas. Ya de noche volvimos al hotel, y nos fuimos a conocer otro sitio, el Quincho del tio Querido. Nos zampamos una parrillada tremenda, que nos salio por unos 45 pesos q son unos 9 euros. Nos pusimos ciegos. Que rica estaba. Pero el cansancio pudo con nosotros y pa la cama, por las calles oscuras empedradas, sorteando charcos.
Al dia siguiente tocaba rematar lo que faltaba por ver en las cataratas. Por la mañana hicimos muy temprano el sendero Macuco. Nos levantamos a las 7 para coger, aqui tomar, el colectivo, que es el bus publico, q va lleno de gente que generalmente va a currar, pero tambien se ven turistas que quieren moverse por poco dinero.
Llegamos mas o menos temprano para poder ver algun bicho, que se mueven por este camino por la mañana y por la tarde. Esta casi vacio de turistas, y todo el mundo recomienda el paseo. Nada mas empezar nos encontramos con una pareja que tambien iba a hacer lo mismo que nosotros. Isabel y Pepe, malagueña y gaditana, que tras intentar pasar un gran charco todos juntos se unieron a nosotros o nosotros a ellos en la marcha. El dia anterior nos habiamos cruzado varias veces por las cataratas, e incluso me dijo pp q yo era clavao a un amigo suyo y que hasta dudo de si era el. Pronto hicimos buenas migas y tiramos camino alante por la selva sin parar de hablar en un momento. Casualidades de la vida, hablando de nuestras andanzas por aqui, resulta que compartieron viaje con Raquel y Roberto, aquella pareja de Burgos con los que hicimos un dia de ruta, y ellos le habian hablado de que conocieron a este par de colgados con los que estuvieron un dia haciendo el cabra por Brasil.
El sendero atraviera la selva hasta llegar a un salto de agua de unos 30 metros, con una poza de agua normalmente cristalina, donde la gente se baña. El agua estaba marron por las lluvias, pero para Sam y para mi fue obligatorio el chapuzon y alli nos metimos hasta la cocina. Estaba fria pero que bien nos vino.
La vuelta fue un poco mas apresurada ya que Pepe e Isabel volvian esa misma tarde a Buenos Aires. Pepe venia con previsiones de conocer Bolivia y Peru, y acabo en Usuahia. Justo la otra punta. No digo quien le organizo el viaje.
Llegamos a la estacion del pequeño tren que lleva a la Garganta del Diablo sorteando de nuevo los charcos y en el mismo anden tuvo lugar la triste despedida. Nos quedamos con ganas de seguir compartiendo viaje, y sin parar de rajar.
Cuatro por asiento....cuatro por asiento, vociferaba un guia para que todo el mundo pudiera entrar en el tren. Nuestra de la izquierda, una guiri muy simpatica de unos 70 años, y unos ojos azules impresionantes, nos dice.....como sandinas, como sandinas....si señora de las de lata. Pero el viaje es corto. Pronto nos bajamos para comenzar un sendero de metal por el rio de unos 1000 metros, que tiene por final el impresionante salto de la catarata. Mas cerca no se puede ver esta maravilla. El ruido acongoja, y se puede ver a la gente realmente alucinando. Esta siempre lleno de gente. Ni siquiera el dia gris que amenaza lluvia impide que el turista se mueva por alli.
La vuelta la hicimos en lo que llaman el sendero ecologico. Es un bote hinchable grande donde entran mas de 10 personas, y lo lleva con dos remos un tipo muy simpatico y sonriente, e identico a Cannavaro.
Con gran habilidad manera el bote a favor de la corriente, pasando de orilla a orilla para mostrarnos muy muy de cerca los yakares y otros bichos que se mueven por este rio. En toda la mañana no llovio pero justo cuando subimos al barco comenzo un chaparron tropical que nos deja calados totalmente, y tambien a nuestras mochilas con los documentos, libros, camara de fotos y demas. Nos salia el agua por dentro de la manga, que previamente se nos colaba por el cuello del chuvasquero. La mas impresionante que hemos vivido. El bote se va llenando de agua y nos llega casi a los tobillos. Mientras un matrimonio de Buenos Aires se troncha con los chistes de Samuel, y no pararon de reirse.
Por fin llegamos a nuestro punto de origen, y nada mas tocar tierra la tormenta se pasa. Que mala suerte.
Ya que no podiamos mojarnos mas, bajamos otra vez al nivel inferior de las cataratas pq teniamos del dia anterior entrada para una lancha que recorre las cataratas en la base y te mete debajo del chorro. La vista desde abajo es unica, y la fuerza del agua que cae no te permite ni respirar. Por otra parte estaba bien fria.
Nos devuelve al pequeño puerto y subimos como si nos hubieramos dado una ducha vestidos, haciendo ranas con las chanclas, y muertos de frio. En un descanso nos quitamos toda la ropa que pudimos para estrujarla y quitar todo el agua. Tuvimos que convivir con los gayumbos durante el resto de la tarde, por nuestra desgracia. Mientras charlabamos con una pareja de madrileños recien casados, llama papa Raul, el taxista. Nosotros tras ver que alquilar un mes de coche nos iba a salir por medio kilo en el caso mas barato, casi estabamos decididos a viajar en bus cama, y alquilar coches por semanas en sitios puntuales. Esa noche ibamos a salir a las 21 rumbo a Salta si nada lo cambiaba. Pero me mira Samuel con una mirada con los ojos como platos de pizza familiar, y la boca redonda y enana. Algo ha pasado. Cuelga y me dice que Raul nos ha conseguido un coche para todo el mes por 1200 euros, y la sorpresa tremenda...... que con "chofér". Más o menos, dar una vuelta a Argentina en taxi durante mas de un mes, por 1200 euros. Otras, no nos lo podemos creer. Nos espera en el Sheraton y nos comenta la jugada. Un compañero suyo, tambien remissero (taxista aqui) le parece bien conocer Argentina en sus vacaciones y ganar algo de plata. No tuvo la oportunidad de hacer nunca eso y se apunta al reto. Por la noche quedamos en Pizza color, un restaurante de la carretera donde se come de lujo por 8 euros por barba, con Raul y David. Es un tipo joven, de la edad de Samuel, muy educado y simpatico. En 10 minutos cerramos el trato. No hay condiciones. Mañana a las 10 partimos.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Otro día más en Iguazú



Esto de ir en taxi a todos los sitios y sentirnos como Reyes, nos está molando. Raúl ya directamente queda con nosotros para el día siguiente dando por hecho que diremos que nos vamos con él. Hoy el día amaneció claro y soleado y con olor a selva, pq este pueblo está bien metido en ella.
Con el tiempo justo de desayunar unos cafés y unas tostadas de dulce de leche, ya estaba Raúl con su Megane negro presto para un nuevo viaje más. Fuimos a las cataratas, parte Argentina.
El río Iguazú es un río ancho, tranquilo y poco profundo. Es increíble ver la paz de sus aguas unos metros antes de la caida y lo que se lía después. Pues eso, que el río baja tranquilo y de repente la Tierra se rompe. Es como si alguien hubiera cortado a cuchillo el terreno y el agua tranquila del río se desplomara. Las cataratas es más o menos como una herradura de 3 kilómetros de perímetro. Todo este agua se recoge en un canal de unos escasos 50 metros. Según baja el río, la orilla de la derecha es Brasil y la de la izquierda es Argentina. Debido al turismo, el paso de la frontera se relaja para agilizar el paso, y hay mucho tránsito de un lado al otro. Las dos orillas compiten para ser el mejor sitio para ver las cataratas, y las dos tienen dos hotelazos de superlujo en el mismo parque, con vistas a las cataratas: el feo Sheraton en Argentina, y el cuco das Cataratas de Brasil, misión reconvertida y que respeta mucho más el paisaje que su vecino.
La entrada nos salió por 40 pesos por barba. El lado Argentino ofrece recorridos más largos, más saltos, más barcas, más pasarelas, trenecitos, piraguas, escaleras y el paso a la Isla de San Martín que está justo enfrente de la parte principal de las cataratas.
Con nuestra habilidad innata para pasarnos por el forro los planes más planificados, conseguimos otra vez más hacer justo lo contrario de lo recomendado por Raúl y los guías. No sabemos bien cómo y pq pero lo previsto para el día lo pasamos al siguiente, y este día lo rellenamos con otras cosas. Recorrimos los impresionantes saltos del paseo bajo, esquivando al Homo turisticae, la especie más tonta que nos hemos encontrado en el planeta.
Compramos la entrada para dar un paseo en zodiac por la base de las cataratas, donde el mayor atractivo es soportar el chaparrón de justo debajo de la caida. Por supuesto lo dejamos para "mañana", que teníamos previsto ir a la isla, que sería "hoy", y sin más tomamos la barquita que te cruza para tener unas vistas privilegiadas desde allí. El sitio es impresionante. El murmullo de las cascadas está presente en todas partes. La fina lluvia te baña en muchas partes del recorrido, y junto a olor a vida que hay, es inevitable pararte un momento y sentirte afortunado por poder estar allí y poder vivir esta maravilla. A la vuelta, en una pequeña playa, algunos se menten a dar un baño. Un baño de lujo con ese decorado. Nosotros nos apartamos un poco para comer las migajas de las empanadas que por descuido seguían en la mochila, y que gracias a ello pudimos comer algo ese día. Por la tarde pasamos por delante del salto dedicado a Cabeza de Vaca, descubridor oficial de esta maravilla, y subimos al parking del Sheraton donde nos esperaba nuestro paciente taxista.
Tras las gestiones de rigor, paseamos por la parte brasileña que es mucho más panorámica, más lejana, pero con mucho más encanto. Aquí te haces más idea de la grandiosidad de este sitio, viendo los saltos más cercanos y los más lejanos, y todo integrado en la selva y con un estruendo que te pone los pelos de punta.
El sol se pone por la parte Argentina, y esto permite que se dé una luz dorada filtrada por la bruma del agua algo más que impresionante. Cómo explicaros lo que sentíamos.
Los últimos grupos nos adelantaban con prisas. Nosotros a nuestro ritmo. A vivir esto lo máximo. No nos conformamos con la foto de mirador. Queremos llevanos esto dentro de nosotros, no en una tarjeta de memoria. En esto que un guarda se nos acerca y nos dice que están cerrando el parque. Tirando un farol les decimos que estamos hospedados en el hotelazo, el más bonito y lujoso que hemos visto nunca, y cuela, y nosotros nos reimos, pero por fortuna aquí español se asocia a gente con plata, y da igual si vas despeinao y con pinta de gañán. Eres español y puedes perfectamente estar alojado en este hotel 5 estrellas. Esto nos permite ver desde un mirador que queda colgado en mitad del río en pleno salto, toda la panorámica. Solos, rodeados de agua y el atronador rugido del agua. Nada más. Allí vimos el atardecer y vimos como salió la escasa luna creciente, con sus débiles cuernos hacia arriba. Cuando nos hartamos de vivir aquello, y de calarnos hasta los huesos, recorrimos en sentido inverso el sendero, parando nuevamente en todos los sitios que nos gustaron, pero esta vez solos y furtivos, que tiene si cabe más encanto. De vez en cuando nos acordábamos de Raquel y Roberto que no pudieron ver esto con nosotros por mala suerte, y de Nati que por muy mala suerte no pudo ver las cataratas con agua. La verdad es que en este último caso nos partimos de risa. Qué mala suerte ir el único año de sequía en esta zona.
Al final, en unas escaleras nos comimos las últimas manzanas que nos quedaban, viendo una panorámica más que bonita, iluminada por la luz de montones de luciérnagas en tierra y alguna estrella fugaz que pasa por el cielo. La luna seguía allí con sus débiles cuernos amarillos apuntado arriba, y a nosotros se nos abrían las carnes de emoción, por ser unos mentirosos privilegiados. Raúl tuvo q ser otro mentiroso para poder venir a buscarnos ya que el acceso a estas horas al parque es más que limitado si no eres cliente del hotel, y justificándolo.
Durante la vuelta nuestras piernas estaban cansadas, pero nuestra cabeza seguía en lo que habíamos visto esta tarde-noche. Ahora lo contamos y nos miran como pensando.....qué cabrones!!!.

Pues seguimos en Iguazú

Os dejamos a la vuelta del paseo con bicis y piragüas. Cenamos con Raquel y Roberto en su última noche por aquí, nos tomamos unas cerves, visitamos al somarro acostao con la luz encendida y las botas en la mesilla, y conocimos a nuestros compañeros nuevos de habitación, y por fortuna no los conocimos mucho, ya cansados de pedos, eruptos y demás exabruptos, que rima con eruptos.
Al día siguiente nos despertamos varias veces, una de ellas con la salida del japo y el somarro, y otra con un fuerte trueno que anunciaba que el día iba a ser lluvioso. Y así fue. Todo el día de tormenta tropical por aquí. Cambiamos de residencia, del movido hostel, a un hotel muy cuco donde trabaja Romina, una chica encantadora que conoció Sam en el anterior viaje, y que nos trata con mil atenciones. El Hotel Strada tiene varias casitas pequeñas acogedoras, piscina, terraza, y un salón cuco donde escribimos estas líneas y nos tomamos unas cerves de vez en cuando.
Total que el día no se abría. Las calles empedradas eran ríos. Las aceras que a veces están a veces no, tenían más de pantano que de otra cosa, y con este panorama, después de dudar varias veces qué podíamos hacer, decidimos ir a comer una parrillada en casa Charo, por unos 100 pesos, más o menos 20 euros los dos, y empapados nos retiramos a la habitación a descansar un poco y cambiar el horario. Entre la pesca de la centolla en aguas de Bering, el Spa para hombres, el cómo se hacen los palos de golf, y los goles más importantes de River en los tiempos de Kempes, nos dormimos y despertamos varias veces. El tono de la tele de aquí es el mejor somnífero posible.
Entre tanto sueño el teléfono suena y es Raúl nuevamente. Nos ofrece un coche de un amigo, que vino a vernos al hotel. 250 pesos día si se lo dejamos en Buenos Aires. Son unos 60 euros día, algo más caro que alquilar en España. Nuestro viaje planeado se tambalea. A partir de aquí todo han sido dudas, cábalas, cálculos, ofertas, y demás, y nosotros de vacaciones....pues no estamos mucho para andar pensando. Le decimos que.... siguiente....
Otra vez pa la cama. Ducha, y paseo nuevamente por las oscuras calles de piedras irregulares con oscuros coches, sorteando ríos, e inmensos charcos, con los pies mojados, y escuchando los ladridos amenazadores de los perros con cara de malo, de los chaleses de la gente que tiene plata acá.
Volvemos al Charo. Es como un restaurante humilde y muy grande. A Sam le dejan fumar si nos ponemos en la última mesa, que está al lado de la única ventana que se puede abrir. Desde dentro nos entretenemos mientras nos traen los platos, con las andanzas de un chaval de unos 8 años, moreno, con gorra gris, que se saca unos pesos abriendo la puerta del coche de los guiris que salen de los restaurentes que se agrupan en la unión de las dos carreteras principales que cruzan Puerto Iguazú.
El camarero poco a poco va cogiendotomando confianza con nosotros, y comentamos las principales jugadas de un "Mira quien Baila" argentino, donde como parte de la pareja masculina siempre hay un tipo normal, pero las mujeres que sacan son despampanantes y con la mínima ropa. Esta noche bailaba la mujer con las tetas operadas más grandes del país. Como reclamo masculino estaba Zubiri por ejemplo.
El programa insoportable, pero el Surubí que nos comimos y el Dorado, dos peces de río de la zona, estaban deliciosos. Nos tomamos unos cafés ya con los párpados más cerrados que abiertos, y vuelta al hotel por las mismas calles oscuras, con todo empapado, con los mismos coches sin luces, y con los mismos Rotweiller rabiosos que viven en la casa de al lado del hotel, y que mejor no pensar que pasaría si lograran saltar la valla en uno de sus saltos.
Esta noche dejamos plantados a los presos más peligrosos de una prisión de California contando su vida. Nos dormimos sin más con la preocupación de saber si al día siguiente haría buen día o no. Las cataratas nos esperan...